SECCIÓN
PSICOLOGÍA ESPIRITUAL Y TRANSPERSONAL
Josep Gonzalbo Gómez

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¿TE APUNTAS A LA CONSTRUCCIÓN DE PUENTES?
Hay momentos en los que todo parece dividido: personas, pueblos, ideas,
creencias, culturas, emociones… Todo en tensión, enfrentado,
separado. Como si la humanidad estuviera partida en orillas opuestas,
sin posibilidad de encuentro. Y tú, yo, cualquiera… muchas
veces acabamos atrapadas, atrapados, en una de esas orillas. Ya sea
como espectadores pasivos, o como participantes activos en el juicio,
el rechazo o la indignación.
Pero ¿y si tu alma estuviera aquí para algo muy distinto?
La palabra pontífice significa literalmente “constructor de
puentes”. Y no es una cualidad exclusiva de quienes lideran religiones
o instituciones. Es una vocación profunda del alma despierta.
Una persona consciente —como tú— está llamada a tender
puentes entre los mundos que se rechazan, entre los egos que se combaten,
entre las emociones que se desbordan.
Y sí, a veces esos dos lados son simplemente dos partes de
ti: la que quiere evolucionar y la que tiene miedo; la que busca amar
y la que aún se protege; la que quiere abrirse y la que duda.
El gran puente empieza dentro de ti.
Como es abajo, es arriba. Como es adentro, es fuera.
Los conflictos que vemos en la humanidad son el reflejo de nuestra
incapacidad —o desinterés— por crear espacios de encuentro
y comprensión. Lo que nos separa no es el desacuerdo. Lo que
nos separa es la ausencia de un puente.
Pero no todos los puentes sirven.

Los puentes construidos desde el ego tienen fecha de caducidad. Son
tratos, alianzas, acuerdos mentales o emocionales que solo duran mientras
convienen a los intereses de una o ambas partes. Basta una emoción
intensa, una ofensa o una diferencia, para que ese puente se derrumbe
o desaparezca como si nunca hubiera existido.
Solo los puentes del alma permanecen.
Son más lentos, más silenciosos, más invisibles.
Pero son sólidos. No dependen de que las aguas estén
calmadas. Se construyen desde la comprensión, la compasión
y la visión profunda de la unidad. No necesitan que ambas orillas
estén de acuerdo, solo necesitan que alguien se atreva a poner
la primera piedra… y esa piedra puede ser tu conciencia.
Hoy más que nunca, la humanidad necesita constructores de puentes.
En tus relaciones, en tu comunidad, en tus redes, en el mundo. Y sí,
también tú puedes serlo.
Tres prácticas concretas para cultivar tu capacidad de construir
puentes:
1. Observa tus propias orillas interiores. Cuando
te sientas dividida, dividido, entre dos emociones, decisiones o actitudes,
siéntate en silencio y observa ambas partes sin juzgar. Pregúntate:
¿qué hay de verdadero en cada una?

Esta
práctica fortalece tu capacidad de integración.
2. Elige cada día una acción concreta para unir,
no separar. Puede ser un mensaje conciliador, una palabra
de reconocimiento, una disculpa, o simplemente un silencio que evita
el conflicto. Actos pequeños que, sumados, construyen caminos.
3. Medita cinco minutos al día visualizando un puente
de luz. Visualiza que desde tu corazón emerge un puente
hacia alguien con quien tienes una distancia emocional. No necesitas
hablar ni resolver nada. Solo sostener ese puente con amor, y permitir
que actúe en un plano más profundo.
Tender puentes no significa ceder, ni olvidar tus valores, ni silenciar
tu verdad. Significa ofrecer el espacio donde lo que parece opuesto
puede encontrar una posibilidad de comprensión, incluso sin
acuerdos. La verdadera unión no nace de la uniformidad, sino
del respeto profundo a la diversidad.
Este es un llamado a las almas constructoras, a quienes ya no quieren
pelear por tener razón, sino vivir desde la verdad. Un llamado
a ti, que sientes que algo más profundo late dentro.
Tú puedes ser un puente entre lo que ha estado separado por
siglos.
Tú puedes ser el primer paso hacia una humanidad más
unida.
¿Te apuntas a la construcción de puentes?
Vídeo:
https://youtu.be/boPTFyIk7H8