| Las
reglas para la vía directa
por Juan Ramón González Ortiz
¿Cuáles son las etapas de la vía directa?, ¿cómo saber lo que hay que hacer, sin perder el tiempo? El gran, el inolvidable, el importantísimo Roso de Luna nos contesta a esta acuciante pregunta en su artículo “La Sociedad Teosófica y el Sendero Directo”, contenido en su libro El Tibet y la Teosofía, de 1930, donde fundamentalmente comenta a Alejandra David Neel. Nos dice que “estas reglas tampoco han de ser tomadas al pie de la letra sino como medios indispensables, para ver cara a cara el drama de la vida humana”. 1.
Leer gran cantidad de libros serios y profundos sobre religión
y filosofía, y escuchar a diferentes maestros, así como
experimentar distintos métodos, es decir, “templar la mente
con el choque de los más válidos pensamientos”. Mario
Roso de Luna en su libro sobre Isis sin velo (escrito en 1923),
nos ofrece también un extraordinario resumen de las fases
por las que cualquier candidato, que quiera formar de una jerarquía
superior, habrá de pasar. 1. Antes que nada, paciencia, fundamentalmente, para aprender a callarse. Es la norma del silencio pitagórico. La fuerza de voluntad ha de dejar de ser simplemente terquedad arrogante. La voluntad debe unirse a la imaginación creadora, al silencio y a la soledad, para formar, así, la clave mágica más poderosa que hará que el candidato sea el dueño de sí mismo. Lo primero que aparece en este momento inicial es lo que se denomina la noche del espíritu: la percepción de que el trabajo espiritual es inútil, el sentimiento de tristeza, el desaliento, el hastío, frente a los bienes y glorias del mundo, que no son sino pasatiempos, ceniza, cáscaras vacías, … Un remedio a esta situación es simplemente contemplar atenta y reflexivamente el propio movimiento de la vida, que, como dice Roso, “por las más extrañas e inesperadas vías de la mal llamada casualidad viene siempre a sus manos en el momento oportuno”. 2. A continuación, comienzan para el candidato las terribles pruebas del sendero. Aquí encontrará el sentido verdadero de símbolos como la ballena de Jonás, o los cuarenta años de los israelitas en el desierto, o la cautividad de Babilonia, o al mismísimo Jesús en el desierto, … Y, además, surgirán tentaciones de todo tipo acerca del uso y del conocimiento del Árbol del Bien y del Mal, o la Magia Blanca y la Negra. Aparecerán figuras como enanos, gigantes, cíclopes de un solo ojo, sirenas y harpías, Scylla y Caribdis, bajada a los Infiernos antes de su iniciación, como le pasó a Orfeo, Perseo, Jesús, Pitágoras,etc. Las
caídas son un requisito necesario para reavivar el espíritu,
entre otras cosas porque nos enseñan a separar entre la riqueza
espiritual y la material. La salvación del aspirante se cifra
en la nave, en la salutífera navis que él mismo va construyendo
con su esfuerzo titánico para no ser devorado por las coléricas
aguas de la luz astral, cuyas ondas son la temible corriente que
arrastra tras de sí a toda la vida social organizada. Por tanto,
precisa ponerse al frente de su nave y coger el timón con mano
de hierro, con la fuerza de ambas manos, para no errar y aún
menos naufragar ya que la travesía es inevitable. Por
fin se alcanzan las grandes alamedas de la Iluminación, ya
sea en este mundo o en el Cielo o Devachán. Entonces, el héroe
ya ha triunfado y la muerte no pude ir contra él. Vive en paz
y felicidad constante. Aun así, Roso de Luna recomienda al
iniciado que guarde su tesoro en el mayor de los silencios y que se
comporte con muchísima cautela (recordemos el “caute” que
Spinoza tenía escrito en la pared de su casa, precisamente,
junto al abrigo que detuvo al puñal asesino en el atentado
que sufrió), pues aparecerán gentes que intentarán
robarle lo que no se puede robar.
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