Algunos
pensamientos de Séneca
por Juan Ramón González Ortiz
(gonzalezortiz2001@gmail.com)

La primera vez que tuve contacto con Séneca fue de refilón,
porque sucedió mientras leía al poeta León Felipe,
el cantor del “ganarás la luz con el llorar de tus ojos”. En
aquel sublime poema titulado “La gran aventura”, mencionaba Felipe
Camino Galicia de la Rosa, que tal era su nombre, una frase contenida
en una de las ciento y pico Cartas a Lucilio, y la cita del romano
decía asÍ: “Busca alguien para preocuparte por él
toda tu vida, y no para que él se preocupe por la tuya toda
su vida”.
Me bastó con ese bocado de oro. Era algo tan bello, tan desprendido.
Ese concepto del sacrificio y de la hermandad… Creo que yo tenía
quince años. A partir de aquel momento me hice un verdadero
buscador y lector de las obras de Séneca. Hoy, muchísimos
años más tarde, cuando ya no soy un inocente jovencito,
sino más bien todo lo contrario, puedo decir que Séneca
es el escritor que más me ha reconfortado en mis momentos de
desánimo, y también puedo decir que la “Consolación
a Helvia” es la Biblia de todo desconsolado.
No había cosa que más admirase yo en aquel tiempo de
adolescencia que la muerte de Cicerón, cuya cabeza le exigió
Antonio a Octavio para poder establecer una paz, y cuando llegaron
los asesinos, se encontraron con Cicerón, que considerando
indigno huir, los estaba esperando felizmente tumbado bajo un pino,
y la de Séneca, el cual, al ver venir a los ejecutores de Nerón,
empezó a redactar su testamento, pero estos le dijeron que
procediese de inmediato, no dejándole tiempo para escribir
nada. Entonces, dirigiéndose a su esposa Paulina, la consoló
y le prohibió que viviera en la permanente evocación
del marido. Y como Sócrates, tambiénse acordó
de los dioses en el momento de dar el paso hacia el más allá,
porque Séneca ofreció unas libaciones a Júpiter
Liberador. Esto ocurrió en el año 65 d.C., siendo el
octavo año de imperio del divino Nerón.
Mucho antes, Séneca ya fue desterrado ocho años a Córcega,
una isla que en aquellos tiempos era un territorio apartado, recóndito
y asalvajado. La culpa de todo la tuvo Mesalina, la esposa de Claudio,
quien señaló a Séneca como el amante adulterino
de Julia, la hija de Germánico, a la que aquella detestaba
hasta la muerte. Posteriormente, tras expirar, Julia Drusila fue elevada
al Olimpo como diosa con el nombre de Pantea.
En aquella corte de lechuzos, vagos, apalancados, lujuriosos, criminales,
corruptos, aduladores, astrólogos y magos, clientes, …. Séneca,
el cordobés austero, debió de sufrir lo indecible. Él
era testigo de cómo se iba empañando el pitagorismo
en el quele había educado Soción. La finura del alma,
la elevación espiritual, le eran casi imposibles en ese infernal
ambiente de tantísima densidad, de un materialismo y de una
lujuria inimaginables. Una noche, perseguido por los remordimientos,
habida cuenta de que la virtud, en la que él creía,
le era inalcanzable, salió de sus estancias palaciegas (pues
Agripina lo había nombrado preceptor de su hijo Nerón)
y asomándose a un balcón, frente al Esquilino, gritó
con voz de trueno: “Cum potuero, vivam quomodo oportet!”, o sea, “Cuando
pueda, viviré como es debido”.
Con vuestro permiso, he seleccionado unas cuantas citas de sus obras.
Espero que os gusten tanto como a mí me gustan.
1. ¡Qué gran estupidez es tener miedo de que te infamen
los infames!
2. La concordia hace que las cosas pequeñas crezcan, pero la
discordia es capaz de echar por tierra hasta las cosas más
grandes (esta era la frase preferida de Agripa, general y yerno de
Augusto, para que comparemos los políticos de antes con los
de ahora).
3. Una de las causas de nuestras desgracias es que todos vivimos imitando
a unos cuantos.
4. La memoria de la lujuria dura más que la memoria de los
beneficios que nos han hecho.
5. Para algunos la filosofía es como una diversión del
intelecto cuando en verdad el remedio de la vida.
5. No hay valor en despreciar la vida. El valor es enfrentarla sin
retroceder.
6. Castigamos al ciudadano que violenta a otro. Sin embargo, glorificamos
al pueblo que conquista a otro pueblo y lo subyuga.
7. Hemos nacido para la virtud, pero sin ella.
8. Dices que te quieres dedicar a las cosas del alma. Sin embargo,
la codicia te sigue en secreto a todas partes ¿Quieres cultivar
tu alma?, vive pobre.
9. La virtud consiste en hacer beneficios que nadie te va a retornar.
10. El camino más rápido para enriquecerse es apartarse
de la obsesión por la riqueza.
11. No es que la vida sea corta, somos nosotros con nuestra necedad
los que la hacemos corta.
12. La naturaleza humana sufre más con la imitación
que con la violencia.
15. No sabes cuándo un sabio te va a ser útil. Solo
lo sabrás cuando te haya sido útil.
16. De la gente eminente podemos aprender hasta cuando callan.
17. Unos parecen que están presentes, pero están ausentes.
18. Los que vencen por las armas después son vencidos por los
vicios.
19. Hay más sutileza en dejar ciertas cuestiones que en desentrañarlas.
20. Hablamos de una persona que murió, pero no murió,
simplemente partió primero.
21. El que tiene un vicio nunca tiene un vicio (solo).
22. No es lo mismo no querer pecar y no saber pecar.
23. Querer morir y no querer morir es la misma cobardía.
24. El que vive según las costumbres del pueblo, vive vilmente.
25.La propiedad siempre traerá desasosiego.
26. Lo más perfecto que hay en el ser humano es verse libre
del poder de los demás.
27. El que llega muy alto, está cerca de caer.
28. Muy pocas veces las leyes del pueblo están conformes con
la Sabiduría.
29. Antes de ofrecer algo, hemos de detenernos. Pero después
de haber ofrecido, hay que cumplirlo.
30. No es deshonor no alcanzar una cosa, deshonor es dejar de poner
los medios.
31. No hay nada tan caro como lo que se compra a base de ruegos.
32. No es blando el camino que lleva a los cielos.
33. No hay cosa por pequeña que sea en la que no quepa la virtud.
34. Mucho puede la casualidad en nuestra vida, porque vivimos de casualidad.
35. Ingrato es el que por miedo muestra agradecimiento.
36. El que desea cometer una injuria ya la cometió.
37.La fortuna podrá quitarnos la hacienda, pero que nunca nos
quite el valor.
Juan
Ramón González Ortiz