| Séneca.
Otra vez con Séneca a cuestas
No puedo dejar de escribir de Lucio Anneo Séneca. Tengo sobre la mesa en la que trabajo un pequeño busto suyo, para que me inspire y me transmita la Verdad que esconde al fondo de sus ojos. Cada vez que nuestras pupilas se cruzan me doy cuenta de que su expresión ha cambiado con respecto a la anterior ocasión en que nos hemos mirado. Pero siempre son matices dentro de la actitud general de una gran benevolencia que constantemente ilumina su rostro. Solo una vez me miró con ira y verdadero enfado y fue porque yo estaba leyendo en voz alta La fábula de Polifemo y Galatea, de su queridísimo paisano Don Luis, Don Luis de Góngora, naturalmente.
Séneca frecuentemente se encuentra
molesto e insatisfecho por el ambiente totalmente embrutecedor que
le cerca.
Este el panorama al que día
a día se enfrenta Séneca. La lucha que mantiene para
que la podredumbre circundante no le sepulte es tan intensa que se
queja dolorosamente de que ni siquiera él tiene la fortaleza
suficiente para vivir de acuerdo con su propia y elevada filosofía.
la bestial Mesalina,
“regia meretrix”, a decir de Juvenal, logró que
le desterrasen a la atrasadísima y casi prehistórica
isla de Córcega, de la cual dice Marcial que hasta miel es
amarga. Allá estuvo siete largos años. Años más tarde recordando los terribles días en Córcega, le escribe a su amigo Lucilio: “Puedes hablarme ahora de lo que quieras – de resfriados, de toses tan fuertes que nos sacan partes de las entrañas, de fiebres que resecan nuestros signos vitales, de sed, de extremidades tan retorcidas que las articulaciones sobresalen en diferentes direcciones; pero peores que éstas son la estaca, el estante, las placas al rojo vivo, el instrumento que reabre las heridas mientras las heridas mismas aún están hinchadas y que hace que su huella sea aún más profunda. Sin embargo, ha habido hombres que no han emitido ningún gemido en medio de estas torturas. "¡Más aún!" dice el torturador; pero la víctima no ha pedido nada, ni siquiera su liberación. "¡Más aún!" dice de nuevo; pero la víctima ni ha abierto la boca y no ha llegado de él ninguna respuesta. "¡Más aún!" Séneca no juega a ser guía.
Él solo busca ser guía para sí mismo, no para
las gentes, a las cuales, solo intenta aconsejar, y nada más.
No se trata de consejos sublimes o heroicos. Él solo pretende
que todo el mundo comprenda que cualquier acción, fenómeno,
acontecimiento o palabra se desarrolla dentro de un universo espiritual,
del que no sabemos nada y que tiene sus propias leyes y su propia
mecánica de avance. Solo que nosotros lo desconocemos. Así,
creemos vivir en un mundo injusto y caótico porque, como no
tenemos la visión de conjunto que sí tiene el universo,
decimos que lo que es justo es parcial y que además es una
tropelía.
Como Séneca es un hombre práctico no quiere meterse en líos de especulaciones teoréticas. Más bien dice que este mundo es un teatro y nosotros sus actores. Somos nosotros los que metemos el mal en el mundo con nuestras malas acciones, saliéndonos del guion que estaba escrito de antemano para cada uno de nosotros.
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