Los primeros años de la Sociedad Teosófica
por Juan Ramón González Ortiz
(gonzalezortiz2001@gmail.com)

revista nivel 2
Tras el último artículo que escribí, en el que se narra de qué manera se conocieron Bavatsky y el coronel Olcott, y en qué circunstancias vino a nacer la Sociedad Teosófica, algunas amistades me han escrito comentándome que desearían saber algo más acerca de la Sociedad Teosófica en sus primeros años. Me parece un tema tan interesante que he decidido escribir un artículo sobre este asunto.

La verdad, es que muy pronto la Sociedad Teosófica fue una verdadera jaula de grillos. Nunca, salvo en sus primeros momentos, funcionó como una fraternidad, aunque esa era la idea primera en el instante de su fundación. Incluso a ratos fue un verdadero manicomio. Personalmente creo, que la culpa de todo la tuvo no solo los fortísimos egos de las personalidades implicadas en cargos importantes (y no tan importantes, pues ya veremos, más adelante, el trastorno que provocó una simple conserje), y sobre todo el ambiente de verdadera devoción al psiquismo (incluso al espiritismo) que empapó a la Sociedad Teosófica desde sus orígenes. Ese insano y destructor ambiente de poderes psíquicos, histeria, mediumnidad, profecía, la obsesión por la inminencia del retorno de Maitreya, la necesidad de que los Maestros apoyasen las decisiones personales de sus miembros a través de cartas…, arruinaron para siempre algo que habría podido ser una especie de paraíso en la Tierra. Qué se podía esperar de la Sociedad Teosófica cuando para evitar las múltiples escisiones y críticas y para contentar a todos se estableció que para ser miembro de la Sociedad ya no hacía falta creer en la verdad de la existencia de los Maestros. ¡Dios mío, si la Sociedad Teosófica se lo debía todo a los Maestros! Después de esto, qué porvenir podía aguardarle a esta Sociedad….

El mismo remedio también lo ha seguido la Iglesia Católica, pues actualmente para ser católico ya no hace falta creer en nada, ni siquiera en la divinidad del Cristo, y así todos felices. Por eso opino que, a muchos dirigentes de la actual Iglesia Católica, en el momento de mencionar sus nombres y apellidos, deberían de añadirles, “cunctator”, igual que hicieron con el cónsul Quinto Fabio Máximo.

Finalmente, llegó Krishnamurti, mejor dicho, el “affaire” Krishnamurti”, y la Sociedad Teosófica, que ya estaba dividida, enfrentada, y con líderes “singulares”, reventó como un higo maduro cuando cae de su rama. La perdición de la Sociedad Teosófica fue su desmedido aumento. En 1885, o sea, diez años después de su fundación, ya contaba con 121 sedes (o logias) en todo el mundo. Y los miembros eran incontables, entre ellos figuraba Edison y gente muy ilustre. Pero no todos ellos eran como Edison. Se afilió gente muy destructiva y muy alterada, para los cuales la ST era como un panal de rica miel. Era natural que a medida que el crecimiento aumentaba, los conflictos también lo hacían. El grupo de Adyar era especialmente belicoso: nobles ingleses, místicos hindúes, comerciantes alemanes, masones, desocupados, ociosos, …. Pero eso sí: todos dispuestos a tirarse los trastos a la cabeza. Todo esto no hizo sino elevar más y más las tensiones, las rivalidades, el protagonismo y los deseos de seguir el propio dictado de cada una de las sedes.

Está claro que una enseñanza espiritual en cuanto pasa de ser minoritaria a abrirse a todo el mundo se degrada. Entonces, deja de ser una escuela iniciática para convertirse en religión.

En Europa, las sedes de la ST imitaban al viejo modelo masónico. Mientras tanto, EE UU trataba de afirmar su poder y lograr el control de toda la organización. Y lo mismo intentaba Inglaterra. Y fue, precisamente, de Londres, y no del grupo de Adyar (parece mentira), de donde vinieron los primeros graves problemas.

Todo surgió como la típica e inevitable rivalidad entre mujeres, para que después digan. Annie Kingsford fue elegida presidenta de la sede de Londres. Se trataba de una mujer muy bella, delicada, volcada en el espiritismo, en el animalismo y muy conocida en los círculos del esoterismo cristiano. Su temperamento era muy fuerte y dominante y ya desde sus inicios en la ST tuvo relaciones tensas con otra mujer aún más fuerte que ella: Blavatsky. Su participación en la defensa de los derechos de los animales fue muy activa e importante. Ella se tenía a sí misma por una profetisa, no como una médium cualquiera, y decía estar constantemente en comunión con el mundo espiritual. También afirmaba que había llegado al culmen del conocimiento espiritual, o gnosis, conseguido por intuición y visión espiritual directa. Su círculo íntimo consideraba sus revelaciones muy por encima de lo que comunicase cualquier libro sagrado.
Una de las personas con las que se relacionó Annie, en esos ambientes espiritistas, tan queridos en la alta sociedad, fue con la española, nacida en Cuba, María de Pomar, hija del conde de Pomar, que vivía en Niza y que se tenía por la reencarnación de María I, reina de Escocia. En una de sus visiones, se le reveló a Annie Kingsford un sistema esotérico completamente nuevo, que se basaba en el estudio de la simbología y en la interpretación de los símbolos. Debido a eso, la autora se concentró en el análisis de la mitología, las escrituras sagradas y las diferentes religiones.

¿Cómo una persona que dice haber desarrollado un sistema propio va, después, a poder integrarse en grupo alguno que no sea el suyo? Sin lugar a dudas, Annie ingresó en la ST, o, al menos, en su logia inglesa, buscando apoderarse de esta organización para usarla en beneficio de su propia teología.

El primer gran choque (porque ya hubo antes otro choque, de tipo menor) lo desató, inocentemente, Sinnet, con su gran obra Budismo esotérico. Para Kingsford esta obra demostraba que la ST favorecía descaradamente al esoterismo oriental en perjuicio del esoterismo cristiano. Y añadió que el libro era materialista y superficial. Inmediatamente, la sede de Londres se dividió en dos bandos: los que apoyaban a Sinnet, y los que apoyaban a Annie.

El enfrentamiento llegó a tanto que la propia Blavatsky, junto a Olcott, no tuvo más remedio que personarse en Londres para intentar solucionar el problema. Nada más llegar, Blavatsky se dio cuenta de lo que pasaba y manifestó que no cedería a las pretensiones de Annie Kingsford.

Como todos sabían, las dos mujeres estaban destinadas a enfrentarse. Blavatsky se dirigió a Annie en estos términos: “mujer esnob, inaguantable, calientabraguetas, serpiente, víbora entre rosas, egoísta, vanidosa, mediúmnica”.


Oxford Street (c. 1880)
Fuente: Arthur St. John Adcock (ed.),
Wonderful London, volume II, London,
The Print Collector / HeritageImages, Amalgamated Press, 19261927





Entonces, la otra acusó a Blavatsky de que estaba tratando de hechizarla.

Para contentar al grupo encabezado por Annie hubo que crear dentro de la ST una sección diferente, nueva, donde ella pudiera ejercer su autoridad, se trataba de la Logia Hermética. Que fue creada el 9 de abril de 1884. Pero como siempre pasa cuando se hacen concesiones, esto no fue suficiente. Y Annie, tras anunciar la total corrupción de todo el sistema teosófico, y tras afirmar su propia pureza y ejemplaridad, rompió muy teatralmente con la ST y fundó su propia organización: la Sociedad Hermética, que nació el día 22 de abril de 1884. Annie afirmó que entre los objetivos de su sociedad no figuraba obedecer o aceptar instrucciones de los Maestros del Tíbet (pero sí de los suyos propios, claro está). Este fue el primero y gran cisma de la ST.
Tras este agotador duelo, Blavatsky seguía manteniendo el control de la organización, pero Annie había introducido ya un inexistente antagonismo, muy peligroso, que bien pronto se extendería a muchos miembros y simpatizantes: que en el seno de la ST había dos posturas, místicos occidentales y ocultistas orientales, y que ambos estaban en pugna. Este conflicto siguió abriéndose paso y ahondándose cada vez más y más, y provocaría nuevas rupturas.
La temprana muerte de Annie en 1885 acabó para siempre con una poderosa enemiga de Blavatsky. Pero toda la marejada por cuyas procelosas aguas había navegado Blavatsky no era nada con lo que se le venía encima…. Y esta vez, también, vino de la mano de otra mujer. No se trataba de una mujer tan cultivada, de delicadas maneras, con grandes aspiraciones espirituales o con ansias de ser una importante figura espiritual o una adorada escritora. No. Esta vez fue la conserje de la sede de Adyar. Esta mujer, muy poco educada, brutal, ambiciosísima y egoísta fue la principal enemiga de Blavatsky.

Emma Cutting, pues tal era su nombre, ya había conocido a Blavatsky en El Cairo. Probó fortuna en muy diversos negocios, sin conseguir éxito. Al final, ella y su marido acabaron en Ceilán, intentando su enésimo negocio. Ya casi sin recursos de ningún tipo, supieron de la llegada de Blavatsky a Bombay. Desesperados, Emma escribió a la rusa que invitó al matrimonio a su domicilio. Conservamos el retrato que Franz Hartmann hizo de Emma Cutting: “era una mujer parecida a una bruja, con la cara surcada de arrugas, mirada afilada y maneras ineducadas”. En cuanto a su marido: “era un francés que tenía el aspecto de un tonel al cual alguien le había adherido una barba”.
Blavatsky los instaló en Adyar, en la sede de la ST, con la misión de hacerse cargo de la casa, ella como ama de llaves y él como encargado en el mantenimiento. No tenían salario, pero tenían alojamiento, alimentación e iban a gastos pagados. Por supuesto, estaban excluidos de la organización de la ST. Emma no pudo soportar esta exclusión que la hería sobremanera. Su complejo de inferioridad la martirizaba día y noche. Parece ser que Emma era “una lagarta altanera y vengativa, una pendenciera y ladronzuela”. Emma una y otra vez decía a todas las visitas que se pasaban por la sede de Adyar que ella era íntima de madame Blavatsky y que estaba al tanto de todos los secretos y chismes de la ST. Blavatsky, no daba importancia a aquella odiosa manera de ser, a pesar de que era consciente de que la rivalidad y las malas maneras iban in crescendo.

Aprovechando que Blavatsky había retornado a Inglaterra, Emma había intentado obtener un préstamo de un príncipe hindú, miembro de la ST. Blavatsky, cuando se enteró, se mostró muy ofendida con la actitud de Emma y le escribió una carta no muy severa, pero que a la interesada le escoció bastante.
Fue el momento en el que Emma, como venganza, decidió que todo tenía que reventar. Reunió al Consejo de Administración y le dijo que tenía cartas muy comprometedoras en las que se demostraba claramente que Blavatsky engañaba a la gente en sus sesiones de espiritismo, que usaba artefactos y trucos para aparentar materializaciones y fenómenos psíquicos. Es más, dijo que Blavatsky había usado de ella como colaboradora necesaria para precipitar y materializar las famosas cartas de los Maestros.
Finalmente vino la amenaza: o pagan o publicaré estas cartas. Emma dio detalles aterrorizadores: Blavatsky poseía un muñeco, al cual llamaba Christófolo, y que intencionadamente colocaba entre sombras para simular la aparición de algún Maestro. Reveló que las cartas precipitadas desde el más allá, eran en realidad arrojadas desde agujeros practicados en el techo…. El marido también aportó su granito de arena descubriendo que había construido puertas secretas, pasillos escondidos, paredes corredizas, etc. por las cuales Blavatsky podía fingir trucos.
Todos se quedaron espantados por las acusaciones y su entereza empleó a flaquear. Decidieron negociar con el matrimonio.
Franz Hartmann les ofreció una serie de acciones en una mina de plata en Colorado. Pero el matrimonio quería dinero contante y sonante. Mucho dinero. Demasiado. Y ese fue su error.
El Consejo de Administración decidió que todas esas acusaciones ya daban igual, pues contra Blavatsky y la ST se habían levantado muchas voces, empezando por los misioneros cristianos ingleses en la India, e incluso por las propias autoridades inglesas pues la ST era manifiestamente pro hindú, de hecho, contaba con la simpatía de muchísimos hindúes y entre los miembros de más nivel figuraban eruditos, sabios y príncipes hindúes. Además, ¡qué más daba lo que dijera el matrimonio, cosas aún peores ya habían sido dichas contra la ST!
Así pues, el matrimonio de conserjes fue expulsado de Adyar, marchándose sin ninguna ganancia. Naturalmente, Emma vendió la susodicha colección de cartasprivadas al más tenaz y duro adversario de Blavatsky, el reverendo Patterson, jurado enemigo de toda la teosofía. Patterson era el rector de la Universidad Cristiana de Madrás, y hacía mucho tiempo que soñaba con algo así para desacreditar a la ST. Así pues, calculó que no debía publicar todas las cartas a la vez, porque él buscaba erosionar a la ST durante mucho tiempo, y por eso entregó a la prensa un primer grupo de cartas. El escándalo fue mayúsculo. La londinense Sociedad para la investigación de fenómenos psíquicos (SPR, o Society for Psychical Research) decidió investigar y, basándose, en los datos y en las informaciones del matrimonio de conserjes, condenó como fraude todas las manifestaciones psíquicas, astrales, etc. atribuidas a Blavatsky. El informe que emitió la SPR (el famoso “Informe Hodgson”, pues el investigador fue Richard Hodgson) concluía que Blavatsky era una falsificadora: “la impostora más cumplida, ingeniosa e interesante de toda la historia”. También Olcott, cobró, pues aparecía equiparado a “la bolsa de aire de una gaita, hinchada por la vanidad”.

Lo peor de todo es que la SPR daba a entender que la verdadera actividad de Blavatsky era el espionaje a favor de los rusos. Y esto ya era grave pues en aquella época Rusia e Inglaterra se veían envueltos en una carrera sin fin por influenciar, proteger o apoderarse de todos los territorios de Asia Central que aún fueran independientes. Se trataba del “gran juego”, que es la base de aquella apasionante novela de Rudyard Kipling titulada “Kim”. Por otra parte, la actitud de la ST, que valoraba grandemente la cultura hindú, su arte y su historia, había hecho que a ojos de las autoridades británicas, esta sociedad esotérica simplemente fuese un refugio para el peligrosísimo nacionalismo hindú. Una de las cartas que Emma vendió estaba escrita en un complicadísimo idioma, que resultó ser senzar, el antepasado del sánscrito. Pues bien, después de estudiar durante meses y meses sin sacar nada en claro, todos concluyeron que era el código secreto de comunicaciones entre Blavatsky y sus enlaces rusos. La cosa llegó a tal extremo que Olcott tuvo que redactar un comunicado de adhesión a la reina y al imperio.
Finalmente, la cosa se desmadró: todo el mundo acusaba a todo el mundo. Blavatsky decía que Emma había adulterado las cartas, Olcott dudaba de Blavatsky, Hartmann echaba las culpas a los miembros indios de la ST, y estos a su vez, hacían lo mismo con los miembros europeos.
En fin, en definitiva, el informe de la SPR le hizo muchísimo daño a Blavatsky, y a toda la ST. Desde luego, fiarse del matrimonio de conserjes no era lo mejor, pero es que la SPR en su esencia ya era contraria no solo al espiritismo sino a toda manifestación ocultista, por tanto era de esperar la conclusión con la que finalizaba la investigación: fraude total.
La reputación de Blavatsky jamás se recuperó después de este informe, no solo quedó su figura muy afectada en Europa y EE UU, sino que a partir de entonces los seguidores de la ST en la India empezaron a ser vistos como independistas indios y nada más.
Aun hoy en día los detractores de la ST y de Blavatsky, cuando quieren denigrarla, apelan a este informe de la SPR. Sin embargo, en 1986, casi cien años más tarde del informe, Vernon Harrison, miembro de la SPR, rebatió el informe Hodgson. Harrison acusó a Hodgson de sesgo y de selección, y escribió que "mientras que Hodgson estaba dispuesto a usar cualquier evidencia, por trivial o cuestionable que fuera, para implicar a HPB, ignoró todas las pruebas que podrían usarse a su favor. Su informe está plagado de declaraciones sesgadas, conjeturas avanzadsa como hechos o hechos probables, testimonios no corroborados, testigos no identificados, selección de pruebas y absoluta falsedad ".
En 1882, Blavatsky, agotada, harta y enferma, notaba que su vida ya no daba para más sobresaltos y amarguras. En 1884, comentaba que se sentía anímicamente“como un limón viejo, reseco y exprimido”. Para entonces, Blavatsky ya había engordado tanto que tuvo que ser izada con poleas al barco que la llevaba a Europa, sentada en una silla.
Entonces vino la siguiente tribulación de la ST: la que protagonizó Annie Besant, otra mujer.
Con Annie Besant entraba ya de pleno derecho la segunda generación de teósofos, dando lugar al nacimiento de lo que algunos llaman la “neoteosofía”. Con Besant se organizó un buen embrollo, desde luego, pero nada parecido al que se montaría en torno a otra figura: Charles Webster Leadbeater.
Por último, quedaba la puntilla, el descabello, el tiro de gracia: el “affaire” Krishnamurti, pero si el lector lo desea, mejor lo dejamos para otro artículo.

 

 

revista nivel 2

REVISTA NIVEL 2, NÚM 43, FEBRERO2026

 

REVISTA NIVEL 2 NÚM 42

 

 

revista nivel 2

REVISTA NIVEL 2. NÚM 41. AGOSTO 2025

 

REVISTA NIVEL 2

REVISTA NIVEL 2, NÚM 40

abril2025

revista nivel 2

Revista Nivel 2, ENERO2025

 


REVISTA  NIVEL 2   EN FACEBOOK

ENLACES A OTRAS PÁGINAS

 


 

Descargas gratuitas

evolucion y camino a la iniciacion

EVOLUCIÓN Y CAMINO A LA INICIACIÓN

 

 

 

revista nivel 2
SarSas

revista nivel 2