Algunas
manifestaciones psíquicas religiosas en el Tíbet
por Juan Ramón González Ortiz

Las tradiciones psíquicas en el Tíbet se han estudiado
de forma muy desordenada pues, evidentemente, nunca ha habido un profundo
interés científico en su estudio, detallado y paso a
paso.
Los antropólogos se han desentendido de este tema. Para ellos
todo esto es demasiado esotérico y muy poco interesante, y,
en el fondo, desconfían de su realidad.
Los historiadores de las religiones tampoco se han decidido a estudiar
los fenómenos psíquicos, pues o bien no quieren meterse
en camisas de once varas o bien se contentan dándolos ya por
sabidos y entendidos. Los ocultistas, por su parte, hablan de estas
tradiciones sin tomarse el trabajo de ordenarlas y de estudiarlas
con rigor. Muchas veces, en multitud de obras, documentales, e incluso
guías de viaje, se ha mencionado este tema, pero no se ha profundizado
en la descripción seria del fenómeno. Además,
hay muy poca literatura propiamente tibetana sobre las tradiciones
psíquicas autóctonas.
Las tradiciones culturales tibetanas que atañen a la conciencia
psíquica nunca han exigido una investigación científica
por parte de sus practicantes. Antes bien, estos simplemente se basan
en la tradición y por tanto se desinteresan de su estudio.
Esta tradición se desarrolla fundamentalmente en tres áreas:
1. Los oráculos, los cuales implican la posesión por
parte de una deidad.
2.
El sistema Mo de adivinación, el cual a menudo involucra a
una deidad llamada Palden Lhamo.
3.
Los mahasiddhis.
La
tradición budista, además, ha creado dos temas nuevos
directamente derivados de él:
4. Los poderes psíquicos logrados por medio de la práctica
de la meditación budista.
5.
La creencia en la reencarnación conscientemente elegida, lo
cual da como resultado la creencia en los tulkus.
Todas
estas tradiciones psíquicas surgen de tres grandes fuentes:
• la religión chamánica bon, original del Tíbet,
• el budismo, original de la India, que llegó al Tíbet
hace mil trescientos años,
• y el budismo tántrico, que llegó al Tíbet hace
unos mil años.
Hay
que decir que la tradición chamánica, prebudista, fue
ampliamente incorporada a la posterior tradición budista. También
es necesario saber que en el Tíbet existen diversos tipos de
budismo.
Para los tibetanos, existen dos caminos para lograr el desarrollo
interior: el camino que va hacia el inconsciente y el que va hacia
la súper consciencia. Las habilidades psíquicas siguen
el primer camino. Entre estas habilidades estarían los trances
oraculares, la hipnosis, los sueños proféticos, …
El desarrollo espiritual tiene que ver con el segundo camino. Sin
embargo, en el Tíbet, el camino espiritual también se
relaciona con el primer camino, con el del inconsciente. Por ejemplo,
en el tema de la mediumnidad, pues esta manifestación es ejercida
por lamas muy desarrollados espiritualmente. Para ellos la mediumnidad
es una revelación del aspecto inconsciente de la consciencia.
Y sucede lo mismo con la adivinación, pues también ellos
mismos la practican para localizar e identificar a los tulkus.
Podríamos decir, que el psiquismo lo empapa todo en el Tíbet,
con más o menos intensidad, con más o menos presencia.
Para nosotros, occidentales anclados, desde Sócrates, en la
mirada racionalista, esta doble realidad es una contradicción.
Pero en absoluto lo es para los tibetanos.
A pesar de todo, los maestros tibetanos y los textos clásicos
afirman que mostrar habilidades psíquicas tiene efectos perjudiciales
en el desarrollo espiritual. Continuamente se explica que las habilidades
psíquicas son un engaño y una trampa, asociada con el
orgullo, en el camino hacia la iluminación. Una vez que uno
ha conseguido la iluminación, el logro de habilidades psíquicas
ya no puede contaminar la mente o el espíritu.
El actual Dalai Lama, en su libro Libertad en el exilio, expresa su
deseo de que la ciencia occidental estudie las tradiciones psíquicas
tibetanas. Sin embargo, este deseo choca con el “tabú” por
parte de muchísimos tibetanos de exhibir sus habilidades psíquicas.
Las habilidades psíquicas no se muestran jamás si no
hay un propósito genuino y puro para realizarlas.
El Dalai Lama, por su parte, afirma no ser más que un simple
monje y carecer de toda capacidad de clarividencia.
Las Creencias Psíquicas tradicionales
La mayoría de los tibetanos están totalmente imbuidos
en su cultura que afirma la normalidad y la naturalidad de todas las
manifestaciones psíquicas. La reciente colonización
china ha roto esta fe en las creencias tradicionales y, poco a poco,
estas se van debilitando. Desde el poder, desde la educación,
desde los medios de difusión se escarnecen y se describen como
supersticiones todas estas creencias ancestrales. Sin embargo, a día
de hoy ciertas tradiciones psíquicas tibetanas continúan
muy vivas, por ejemplo, la fe en la adivinación, o en la astrología,
pues para el tibetano humilde y tradicional sigue siendo vital conocer
los días fastos y nefastos.
1. Oráculos
En el Tíbet existe una grandísima tradición de
oráculos y médium. La palabra tibetana para médium
es kuten. El oráculo siempre es poseído por una deidad
que le revela el porvenir.
El mismísimo Gobierno del Tíbet cuando era necesario
tomar una resolución acerca de una cuestión importante,
consultaba al Oráculo del Estado, que era el Oráculo
de Nechung. Este oráculo era tenido en muy alta estima.
Recordemos que este oráculo fue el que le reveló al
actual Dalai Lama la ruta por la que debía huir la noche en
la que decidió abandonar el Potala y acogerse dentro de la
frontera hindú. El ejército chino inició la persecución
por otra ruta, cuando comprobaron el error, el Dalai Lama ya estaba
lejos.
Durante las festividades de Año Nuevo, el Dalai Lama siempre
consultaba ciertos aspectos al oráculo de Nechung.
Pero además existen muchos otros oráculos ya que numerosos
monasterios tienen sus propios oráculos.
Kirti Tsenshab Rinpoché comparó la habilidad del médium
y la fe de los participantes, con la situación que se crea
entre las piernas y la muleta: cuando una pierna está enferma
o muy dolorida, la otra pierna y la muleta se necesitan de todo punto.
Es decir, que el adivino debe tener una confianza ciega y total en
la divinidad, y a su vez el participante debe tener una fe completa
en el oráculo. Evidentemente, también existen médium
fraudulentos, por eso es necesario comprobar la profecía y
verificar las palabras del oráculo. Penor Rinpoché (cabeza
de los Nyingmapas) afirmó que al igual que los científicos
comprueban la realidad o no de una teoría y revisan cien veces
un experimento, así hemos de comprobar nosotros las palabras
dadas por un médium.
La capacidad de ser oráculo de una deidad viene ya establecida
por el karma particular de esa persona. Algunos seres, debido a su
karma pasado, nacen ya con un cuerpo preparado para que una deidad
pueda verter su propia energía dentro de los nadis de esa persona.
La energía particular de la deidad es una suerte de prana,
semejante al prana de la tradición yóguica, que entra
en los canales sutiles, o nadis, del médium.
2. Mo, o adivinación
Mucho más común que la consulta al oráculo, es
la adivinación. Casi todos los monasterios poseen un lama experto
en el arte de la adivinación. Y en los pueblos hay también
hombres y mujeres dedicados al Mo.
Fundamentalmente, la adivinación trata de corregir el mal karma
acumulado de una persona. Por lo tanto, casi siempre la recomendación,
o la corrección, más bien, es la resolución de
rituales que involucren a fuerzas positivas y redentoras.
De la misma forma que sucedía en la mediumnidad, durante la
adivinación tanto el adivino como en el consultante confían
en la energía de una deidad en particular. Esa conexión
sagrada entre adivino y deidad puede ser el resultado de un karma
de vidas pasadas, o bien se ha podido forjar por medio de retiros
y prácticas espirituales en las que se busca la identificación
con esa divinidad particular.
La motivación para ejercer el trabajo de adivino debe ser una
motivación pura, y no basada en la consecución de un
estatus poderoso. El único motivo que justifica el trabajo
de los adivinos es prestar ayuda a los seres humanos e intentar ayudar
a todos los seres sensibles.
Como en el caso del oráculo, la consulta al adivino tiene como
finalidad examinar la situación personal de la vida propia.
El adivino casi siempre aconseja un ritual o una serie de prácticas
con vistas a cambiar el karma de la persona, lo cual es tanto como
cambiar de vida.
Al realizar la adivinación, el demandante confía en
el poder que le otorga una deidad en particular. Puede que en el pasado
se estableciera una conexión especial con esa cierta deidad,
o que a base de retiros y de prácticas se haya consolidado
esa particular relación.
Aquí juega un papel muy especial la recitación de mantras,
pues la repetición de mantras millones y millones de veces
va construyendo un puente entre la conciencia de la persona y la de
esa divinidad.
Al igual que ocurría en la consulta al oráculo, en la
adivinación también se considera que hay una conexión
psíquica con una divinidad. Para muchos estudiosos, esto es
una manifestación de la profunda mezcla entre chamanismo y
creencias budistas. En general, existen al menos once métodos
de adivinación.
Existe una clase de adivinación, llamada la adivinación
“de las bolas de masa”, que solo realizan los grandes lamas para ayudar
a encontrar la reencarnación de un lama muy señalado.
En esencia, este método consiste en introducir los nombres
de todos los posibles candidatos, escritos en papel, en el interior
de bolas de masa. Estas bolas se introducen en un recipiente que se
sella y que se coloca frente a una estatua o frente a cualquier otro
objeto sagrado. Durante tres días los monjes meditan y recitan
letanías, día y noche, frente a este recipiente. Al
cuarto día, un alto lama, quita la tapa y provoca que las masas
rueden por dentro del recipiente, hasta que finalmente cae una bola.
Esa es la repuesta. He leído que testigos presenciales afirmaron
que en el proceso de elección del último y martirizado
Panchen Lama, se repitió este mismo proceso tres veces y siempre
surgió el mismo nombre.
Las formas más comunes de adivinación son las de Dice
y Mala. En la adivinación de Mala (o rosario), la persona que
toma el mala, lo sostiene cogiendo una cuenta al azar. A partir de
ahí, se cuentan entonces tres cuentas intermedias, y de ahí
se obtiene una sola cuenta, que es la que responde a la adivinación.
En la adivinación de Dice, se lanzan unos dados, normalmente
tres.
En ambos casos, los adivinos poseen textos y libros sobre los resultados
particulares y sobre lo que hay que aconsejar en cada caso. Por supuesto,
antes de la adivinación hay rituales tanto sobre el mala como
sobre los dados. Es muy importante la adivinación del espejo,
especialmente porque es la adivinación en la que se manifiesta
la deidad llamada Dorje Yudronma: El espejo se coloca ceremonialmente
y se somete a ciertos ritos. El adivino verá, entonces, en
ese espejo apariencias, formas, escritos, paisajes, rostros, cartas,
etc., todo ello sugerido por la divinidad. Después hará
falta que el adivino interprete todas esas visiones. Leí un
caso de una adivina que en el espejo contempló un paisaje brumoso
al amanecer pero que después se despejaba, y lo interpretó
como que se trataba de una dificultad inicial que después se
resolvía. Su consejo, en consecuencia, fue que se rezaran ciertas
oraciones y que se colgaran banderas de oración. También
hay un sistema de adivinación que se basa en mirar atentamente
la uña del dedo pulgar. Cuando, el adivino sopla sobra sobre
la uña, entonces recibe la visión.
También en esta categoría entrarían los sueños
clarividentes, que, también, están relacionados con
una deidad en particular. Hay lamas especialistas en sueños.
Para ellos, las profecías pueden aparecer como visiones en
los sueños, pero advierten de que no todos los sueños
son proféticos.
Si tenemos en cuenta que, hasta la terrible Revolución Cultural,
el ochenta por ciento de los tibetanos eran seminómadas, en
diversos grados, entenderemos que sus prácticas adivinatorias
sean mucho más sencillas, no tan complicadas, y que la información
que requieren se limite a conocer si el día en el que pretenden
llevar a cabo determinada tarea es un día fasto o nefasto.
Por ejemplo, muchos de ellos obtienen información plegando
en cuadrados las correas que emplean para atarse las botas. Una vez
que ya han sido plegadas, las separan súbitamente. Si se enredan,
no es una señal auspiciosa, si se separan fácilmente,
es un signo positivo. El tibetano vive en medio de una selva de presagios:
las palabras que dice la gente a su paso, los chillidos de los monos,
los gatos negros, las caprichosas formas de las llamas en una hoguera,
ciertos pájaros, …
Los adivinos tibetanos insisten en que no son psíquicos, sino
que simplemente son el canal necesario por el cual Palden Lhamo controla
la caída de los dados, o cualquier otro método. Palden
Lhamo es la principal deidad protectora del Tíbet y, además,
es la protectora de los Dalais Lamas y de los adivinos:
En el Tíbet se considera muy importante que el adivino purifique
todos sus vehículos energéticos, así como que
los consultantes estén animados por una honda fe en el budismo
y una buena relación con la deidad. En un documental sobre
el Tíbet, emitido por televisión, entrevistaban a un
lama, dedicado a la adivinación, que dijo que antes de considerarse
apto para el ejercicio del Mo, se entregó durante meses y meses
a prácticas espirituales purificatorias y a recitar mantras
específicos para determinadas deidades. La adivinación
abarca desde prácticas muy simples, que casi cualquiera podría
emprender, hasta ritos complicadísimos que solo los monjes
pueden realizar. Abarca también desde habilidades clarividentes
hasta respuestas de una gran simpleza.
3. La meditación
Este aspecto es el más directamente relacionado con el budismo.
En el budismo hay dos tradiciones meditativas: la disciplina samatha
y la disciplina vipassana. El desarrollo de la disciplina samataha
se centra en permanecer en calma, en la quietud mental y en la concentración
en un solo punto. Es una disciplina necesaria y esencial antes de
llegar a la meditación vipassana, que busca la percepción
contemplativa.
En muchos textos budistas mahayanas y textos budistas tibetanos se
explica que el desarrollo de la meditación conduce al desarrollo
de los poderes psíquicos, igual que sucede con el yoga. Pero,
sin embargo, en el budismo en general y más en el tibetano,
el poder psíquico fundamental es la clarividencia o, como diríamos
en Occidente, la omnisciencia.
Los textos budistas dejan muy claro que la práctica de la meditación
lleva a la iluminación, y a la conciencia psíquica.
Y nos explican que la una no puede existir sin la otra.
Pocas, muy pocas personas logran el samadhi, y según dice alguno
de ellos incluso entonces la clarividencia no es total.
Personalmente, siempre he creído que hay que tener talento
hasta para practicar la cosa más nimia. Podemos estudiar lo
que sea, hasta lo más difícil, e incluso podemos aprender
aceptablemente esas disciplinas. Pero otra cosa muy distinta es tener
talento. Y otra muy distinta ser un genio. Esa es la gente que llega
a la iluminación, esa es la gente para la cual la meditación
es un camino de expresión y de victoria.
4. Hechicería
Ya hemos dicho en páginas anteriores que el chamanismo impregna
muy profundamente toda la mentalidad tibetana.
Para el chamanismo, el elemento psíquico es una parte necesaria
y fundamental de toda la vida consciente e inconsciente. Por ejemplo,
a nivel popular, entre los tibetanos, cuando se habla de enfermedades
siempre se piensa que son malos espíritus. Si uno tala un árbol
o mata a un animal, podría ocurrir que el espíritu de
esos seres le hiciese enfermar.
Las enfermedades, y cualquier desastre, también pueden deberse
a que un hechicero ha producido un maleficio o ha enviado a un espíritu
maligno. Milarepa, por ejemplo, usaba sus poderes psíquicos
para enviar espíritus malos y vengativos contra la gente a
la cual él cobraba impuestos.
También existe la creencia en que el espíritu de un
muerto puede poseer a una persona viva. A menudo ese espíritu
sigue presente en un objeto que perteneció a esa familia, por
ejemplo, un anillo, un relicario personal, etc. Por eso está
muy extendido el uso de los amuletos. Existe un tipo de amuleto, con
el cual cargan siempre los tibetanos, el llamado “ga’u”, que es un
pequeño cofre de plata que contiene fotografías, reliquias,
la foto del Dalai Lama y estampas de alguna deidad, etc. Incluso también
pueden llevar hechizos de amor, o papeles con escritos mágicos,…
El miedo siempre ha sido un factor muy relacionado con el mundo de
los espíritus y de las manifestaciones psíquicas. Para
los tibetanos todos los fantasmas son potencialmente dañinos.
Reconocen que los fantasmas pueden interferir en las ceremonias de
adivinación y, por eso, ser un obstáculo.
El uso egoísta de las facultades psíquicas por parte
de los brujos, y sobre todo su poder sobre los fantasmas, es causa
de un permanente miedo entre los tibetanos.
Secretismo
Existe una tradición en el Tíbet de no hablar los temas
que impliquen energía psíquica y, tal vez, poderes mentales
o habilidades psíquicas, pues se los considera enseñanzas
secretas. Por ejemplo, todos los estudios emprendidos por investigadores
occidentales acerca del Tummo han topado con el muro de que estas
prácticas son doctrinas secretas, y por tanto las prácticas
en cuestión siguen siendo desconocidas en una gran medida.
Tenemos que decir que muchos monjes y monjas cuando se inician en
prácticas de este tipo hacen voto solemne de no revelar nunca
nada, ni de hablar jamás sobre estos temas ni de mostrar sus
capacidades.
Los monjes tibetanos no son idiotas y saben bien que estos conocimientos
darían poder a mucha gente y la corromperían aún
más.
Desde el punto de vista del budismo tibetano, quien emprende prácticas
espirituales para alcanzar poderes sobrenaturales, está creando
un grandísimo peligro para sí mismo, y, además,
corrompe su alma y pervierte su naturaleza.
Imaginémonos a personas de tipo moral medio en posesión
de la clariaudiencia o de la proyección astral,…. Puesto que
el poder corrompe a quien se acerca a él de forma egoísta,
el poder sobrenatural es el que corrompe en el máximo grado.
Estos poderes mentales van apareciendo en el curso de la meditación
y son necesarios para el auxilio de la humanidad y para ejercer el
bien en el mundo.
Ahora bien, ¿nos hemos preguntado alguna vez por qué
estamos tan atraídos por las facultades psíquicas y
poderes psíquicos?, ¿por qué adoramos y reverenciamos
a las personas que los poseen? Debemos contestarnos a esta pregunta
con total sinceridad.
Esta ceguera mental y espiritual en la que vivimos es la culpable
de que por doquier aparezcan timadores y charlatanes que no hacen
sino confundir a los adoradores de los poderes psíquicos con
sus fraudes.
Antes de terminar, creo oportuno incluir una cita del actual Dalai
Lama:
“Consideramos que las cosas son misteriosas cuando no las entendemos.
Sin embargo, a través del entrenamiento mental, los tibetanos
hemos creado técnicas para realizar cosas que la ciencia aún
no puede explicar satisfactoriamente. Esa es la base de la supuesta
magia y misterio del budismo tibetano”.