Interpretación
del noveno trabajo de Hércules:
Matando las Aves de Estínfalo
Sagitario (23 noviembre 22 diciembre)
Josep
Gonzalbo Gómez

Hércules mata a las aves del lago Estínfalo. Alberto
Durero. 1500.
En el noveno trabajo, bajo el signo de Sagitario, Hércules
debía ahuyentar a unos pájaros radicados en un pantano
y que hacían estragos en la zona. Eran grandes y feroces, con
pico de hierro afilado como espadas y plumas como dardos de acero.
Eran tantos, que impedían el paso de la luz del Sol. De todos
ellos, había tres que sobresalían por su tamaño
y voracidad. Nada más aproximarse, Hércules fue acechado
por estos tres pájaros más ostensibles y defendiéndose
con su garrote evitó tan sólo que su ataque fuera a
más. Después les lanzó numerosas flechas abatiendo
tan sólo a unos pocos, por lo que resultó una solución
inútil. Hércules recordó entonces el consejo
del Maestro: La llama que brilla más allá de la mente
revela la dirección segura. Y así, decidió emplear
dos címbalos grandes de bronce que emitían un agudo
sonido sobrenatural; un sonido tan penetrante y desagradable que podía
asustar a los muertos. Para el mismo Hércules el sonido era
tan intolerable, que se tuvo que tapar ambos oídos con almohadillas.
Al anochecer, cuando la ciénaga estuvo repleta de innumerables
pájaros, Hércules, golpeó bruscamente los platillos
una y otra vez, provocando un estruendo y un ruido tan estridente
que él mismo apenas podía soportarlo. Aturdidos y perturbados
por tan monstruoso ruido, las aves de presa se elevaron en el aire
y huyeron con frenética prisa para nunca regresar. El silencio
se difundió entonces a través del pantano y volvió
a apreciarse de nuevo el delicado fulgor del sol poniente en la tierra.
Las aves devoradoras de hombres que estaban ocultas en la maleza del
pantano simbolizan al conjunto de todos nuestros hábitos y
vicios mentales que asolan nuestras vidas o que impiden ver el verdadero
trabajo a realizar. Como las aves ocultas, no somos conscientes de
la fuerza y del impacto que generan nuestros pensamientos y palabras
sobre nuestras vidas y sobre todo los que nos rodea. Se ha dicho ya
inumerables veces: “la energía sigue al pensamiento”. La repetición
de esos pensamientos y palabras por la humanidad ha generado desde
el origen del hombre, allá por la raza Lemur, los llamados
egregores. Los egregores son pues, formas psíquicas creadas
por la humanidad a través del tiempo. Las aves del mito radicaban
en las aguas del pantano, señalándonos que estos egregores
pueden tener una naturaleza kamamanásica, es decir que los
egregores son una mezcla de deseo y de forma psíquica. Desde
el momento que en un grupo de personas enfoca su atención de
manera repetitiva hacia un punto determinado está generando
un egregor. Los egregores influyen en nosotros a través del
campo etérico y están allí como un fruto kármico
que poco a poco deberemos ir diluyendo.
Por ello, cuando hablemos de karma habremos de recordar que en esencia,
nosotros somos los verdaderos creadores de nuestro destino, por cuanto
somos los responsables de la repetición inconsciente de formas
psíquicas que determinan gran parte de lo que nos acontece
a través de los egregores.
De esta forma, una acumulación de pensamientos negativos de
determinado orden puede ser el origen de determinadas enfermedades
pudiendo llegar a afectar a la humanidad en su conjunto. Un egregor
no tiene por qué ser fundamentalmente negativo, podemos generar
también egregores que sean positivos para el bien de la humanidad,
como es el caso de algunos ya creados por los hombres y mujeres de
buena voluntad. Pero ya sean buenos o malos, en todo caso estos egregores
o formas psíquicas obstruyen nuestra visión de la Luz,
como las aves de Estinfale en el mito de Hércules. Los egregores
no pueden vencerse con los instrumentos de la personalidad, como le
sucede en el mito a Hércules con el garrote, no tenemos posibilidad
alguna. Resulta inútil desprenderse de alguno de ellos desde
la propia mente como cuando simbólicamente Hércules
lanza las flechas a las aves de forma inútil. Tan sólo
podemos liberarnos, como afirmaría Krishnamurti, enfocando
nuestras vidas desde un plano superior a la mente, y como aconseja
el Maestro en el mito “La llama que brilla más allá
de la mente revela la dirección segura”. Nos elevamos de la
misma forma que nos muestra el símbolo de Sagitario, apuntando
a metas indefinidas, como cuando con nuestra personalidad aspiramos
sin más unirnos a nuestra naturaleza divina, apuntando hacia
una senda de Luz que conduce a lo eterno. La aspiración es
la fuerza con que Sagitario lanza la flecha que simboliza el
antakarana surgiendo de la mente inferior tras la búsqueda
de la mente superior. Es lo que simbolizan los címbalos que
hace resonar Hércules. Un platillo representa a la personalidad
y el otro a nuestro Yo Superior. Además, ambos platillos están
unidos por una cuerda de cuero que simboliza el antakarana. La voluntad
del discípulo consigue que al unirse espíritu y forma,
libere el sonido en el cuerpo etérico, la chispa que nos orienta
hacia la Luz, disgregando así a los elementales de los egregores
que condicionan nuestras vidas. Sagitario es conocido como el signo
del silencio. La práctica de la atención en nuestra
vida cotidiana es el resonar de los címbalos que evitan
la generación de los egregores más habituales,
como son: la maledicencia o crítica hacia otras personas, nuestras
conversaciones egocentradas, la carencia de empatía, la
incapacidad de escucha, las actitudes y reacciones automáticas
o nuestros comportamientos gregarios. Esta práctica de la atención
nos permitirá ahuyentar a los egregores en dos fases:
en una primera vislumbramos los egregores inferiores o superiores,
individuales o colectivos, positivos o negativos, que nos determinan
y, en una segunda fase, desde ese silencio, seleccionaremos la actitud
correcta ante la circunstancia dada. A través del trabajo
de Hércules en Sagitario comprendemos que para acceder al quinto
reino de la naturaleza el díscípulo ha de restringir
la palabra y controlar el pensamiento.
Josep Gonzalbo
Referencias:
Alice Bailey (1974). Los trabajos de Hércules, una interpretación
astrológica. Madrid. Editorial Luis Cárcamo.
• Torkom Saraydarian (2005). Sinfonía del Zodíaco. Buenos
Aires. Editorial Kier. ISBN: 950170324X
• José Trigueirinho Netto (2006). Hora de crecer interiormente.
El mito de Hércules, hoy. Buenos Aires. Editorial Kier.
ISBN: 9501701573
• Sri K. Parvathi Kumar (1999). Hércules. El Hombre y el Símbolo.
Barcelona. Ediciones Dhanishtha. ISBN: 8488011407
• Vicente Beltrán Anglada (19741987). Conferencias.Asociación
VBA. www.asociacionvicentebeltrananglada.org
• FranciscoManuel Nácher. Los doce trabajos de Hércules.
Libro digital.