Interpretación
del undécimo trabajo de Hércules:
Limpiando los Establos de Augías
Acuario (21 enero10 febrero)
Josep
Gonzalbo Gómez

Hércules desvía el curso del río Alfeo. Francisco
de Zurbarán (1598–1664). Museo del Prado (Madrid)
"En
Acuario, el hombre es consciente de la belleza de la vida
y del interés grupales y de su responsabilidad individual hacia
el grupo,
empezando a vivir su vida y dedicándose a prestar servicio
a la humanidad."
Psicología Esotérica (III). Alice Bailey
El mito
En el úndecimo trabajo se le encomendó a Hércules
la tarea de eliminar el hedor de los establos del Rey Augías.
Su estiércol no se había limpiado en los últimos
30 años y por su pestilencia, no era posible entrar a limpiarlos.
Muchos lo habían intentado y fracasaron. La contaminación
era tal, que causaba numerosas muertes y estragos en la población
del reino.
Hércules le propuso al Rey limpiarlos sin recompensa alguna.
Al monarca, este carácter resolutivo de Hércules le
suscitó muchas suspicacias y sospechando que sus intenciones
eran las de usurparle su poder, le conminó a que o bien lo
conseguía en un sólo día o bien sería
ejecutado.
Hércules emprendió la tarea ascendiendo a la cumbre
de una montaña cercana desde la que avistó que dos
ríos (el Alfeo y el Peneo) discurrían próximos
a los establos. Vislumbró que si desviaba el curso de ambos
ríos a través de los establos, sus aguas limpiarían
todo el estiércol acumulado en años atrás.
Para facilitar el paso de la corriente Hércules destruyó
el muro que rodeaba los establos e hizo dos grandes agujeros en sus
lados opuestos. Posteriormente desvió el curso de los dos ríos
haciéndolos pasar a través de los agujeros. No trató
de limpiarlos como habían hecho otros, sino que destruyó
sus barreras y usando los ríos, los establos se depuraron
sin esfuerzo por su parte.
El rey rehusó a reconocer el mérito de Hércules
considerando que, más allá de la resolución del
problema, se había tratado de un ardid del héroe para
lograr la proeza.
Pero a Hércules no le inoportunó este noreconocimiento
porque realmente él nunca esperó recompensa alguna.
Finalizado el trabajo, el Maestro se le acercó a Hércules
y le dijo:
Te has vuelto un servidor del mundo
Tú has progresado retrocediendo;
has llegado a la Casa de la Luz por otro sendero;
has empleado tu luz para que pueda brillar la luz de los demás.
Las aguas
De forma análoga a los establos, cada ser humano acumula un
sinfín de despojos similares a lo largo de su dilatada evolución.
Son los deshechos generados por el cúmulo de actitudes instintivas,
deseos y pensamientos egocentrados que a lo largo de encarnaciones
han ido conformando egregores propios y colectivos. Egregores que
continúan magnetizando la dirección de la conducta de
todos los seres en evolución y dilatando el advenimiento de
nuevos albores de la humanidad.
No es posible limpiar toda esta escoria desde la misma dimensión
en el mismo establo donde se genera la inmundicia, es decir, desde
la personalidad.
Hay que romper los muros del establo para permitir, como Hércules,
la limpieza y la purificación de todos esos egregores acumulados.
Derribar los muros para que penetre el agua de los ríos es
una analogía de cómohacer permeable nuestra personalidad
al agua de vida y amor de nuestra Alma, agua de vida y amor que todo
lo purifica.
Desviar el curso del agua implica transformar las emociones y sentimientos
de nuestro yo inferior en Amor universal, es decir, cambiar el curso
de la energía creadora hacia lo espiritual.
Esta reconducción se logra mediante la atención
plena en el instante presente de nuestra vida cotidiana. Así
desviamos el curso instintivo de las aguas, transformándolas
en agua de vida y amor que purifica nuestro karma y nos implica en
el verdadero y único servicio: el impersonal y sin apego al
fruto de la acción.
Los dos ríos que encauza Hércules simbolizan los canales
sutiles Ida y Pingala equilibrados y confluyendo en Sushumna. Cuando
el discípulo actúa desde la impersonalidad y guiado
por el Alma puede reconducir la fuerza de su fuego sagrado para purificar
el efecto de su escoria en la acción del día a día,
en la acción del momento a momento.
Las barreras
Hay que resaltar que lo primero que hizo Hércules fue contemplar
el reto desde una cumbre, es decir que inició el trabajo elevando
su conciencia a un plano superior.
Su primera acción fue la de derribar las barreras de los establos
para facilitar la corriente de agua purificadora. Por ello, como aspirantes
o discípulos espirituales, nuestra tarea en esta incipiente
era de Acuario es la de pensar, sentir y actuar de forma inclusiva,
no exclusiva, derribando las barreras con las cuales mantenemos nuestro
yo inferior a salvo, pero de manera insana, como los establos de
Augías.
Todos tenemos el reto de destruir esas barreras en forma de prejuicios,
en forma de separatividad, en forma de exclusión, en forma
de fobias, en forma de críticas, en forma de odio y venganzas.
Hemos de comenzar a cultivar nuestra capacidad de confianza, de inclusividad
con otros grupos espirituales, con otras orientaciones espirituales,
con otras tradiciones, con otras nacionalidades, con otras razas
y países y con otros reinos.
Un reto hercúleo que podemos cumplir mediante el olvido de
nosotros mismos, la inofensividad y la correcta palabra, partiendo
siempre de aquello que nos une y dejando de lado aquello que, aparentemente,
nos separa.
Y como todos los grandes retos, que suelen resolverse de manera progresiva,
nosotros podemos ir poco a poco ensanchando esos espacios sin barreras,
trascendiendo los límites de nuestros grupos de manera inclusiva
y global, alcanzando espacios de unidad cada vez más abarcantes,
aprovechando las oportunidades que Urano, como regente del primer
decanato de Acuario, nos va procurando.
Se habla de la Ciencia del Corazón –o Agni Yoga como un nuevo
sendero que posibilita este transcurrir enla nueva era de Acuario,
pues su práctica permite el advenimiento de los ríos
de la Vida y del Amor. Viviendo en serena expectación, el
foco de nuestra vida surge del corazón, sin ofrecer resistencia
a las corrientes de energía que influyen sobre el hombre,
siendo la clave del éxito del trabajo a medida que avanzamos
hacia el Arquetipo de Amor señalado por la Divinidad para
la gran familia humana.
El servicio
El discípulo, en la tarea de derribo de nuestros muros, no
puede esperar reconocimiento alguno.
Es más, en muchas ocasiones será seguramente más
difícil, pues como Hércules, tras el trabajo correcto
al discípulo le esperará el rechazo, la injuria,
la condena o el destierro.
Pero no nos desanimemos: todas estas circunstancias en los planos
inferiores son claras evidencias que definen un mayor progreso espiritual,
que permiten orientarnos hacia nuevos campos de servicio, adquirir
más responsabilidad y alcanzar un mayor cumplimiento del Propósito.
Josep Gonzalbo Gómez
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Referencias:
• Alice Bailey (1974). Los trabajos de Hércules, una interpretación
astrológica. Madrid. Editorial Luis Cárcamo.
• Torkom Saraydarian (2005). Sinfonía del Zodíaco. Buenos
Aires. Editorial Kier. ISBN: 950170324X
• José Trigueirinho Netto (2006). Hora de crecer interiormente.
El mito de Hércules, hoy. Buenos Aires. Editorial Kier. ISBN:
9501701573
• Sri K. Parvathi Kumar (1999). Hércules. El Hombre y el Símbolo.
Barcelona. Ediciones Dhanishtha. ISBN: 8488011407
• Vicente Beltrán Anglada. Introducción al Agni Yoga.
Editorial Luis Cárcamo. ISBN13: 9788485316687
• Vicente Beltrán Anglada (19741987). Conferencias. Asociación
VBA. www.asociacionvicentebeltrananglada.org