| Interpretación
del séptimo trabajo de Hércules: Josep Gonzalbo Gómez
Nada
más iniciar la tarea, Hércules se encuentra con
un amigo, el centauro Folo, y olvidando su propósito,
celebra el reencuentro con su amigo y con otro centauro, Quirón.
Folos invitó a Hércules a abrir un tonel de vino que
pertenecía al grupo de centauros y a los dioses, el cual, tan
sólo podía abrirse en presencia de todo el grupo. El
jolgorio que arman con su embriaguez advierte al resto de centauros,
que al ver la transgresión, entablan todos una severa lucha.
Hércules desposeído de sí mismo y por error mata
a sus dos amigos centauros. * * * Hércules no sabía que se encontraba ante una prueba dual. Aunque la captura del Jabalí era el propósito a alcanzar, otra prueba sutil, no advertida, se le presentaría en el trabajo. El discípulo espiritual se centra en ocasiones de forma exclusiva en alcanzar un propósito, sin percibir que el mismo propósito se encuentra en cada huella del camino que apunta hacia esa meta. Asimismo, las intenciones positivas del progreso espiritual del aspirante espiritual o del discípulo, en ocasiones son como espejismos, dado que no siempre se corresponden con sus posibilidades reales de afrontar adecua damente las oportunidades de la vida. No obstante, como sabemos, hasta estos baches también forman parte del plan. Como relata el mito, cuando Hércules se encuentra con su amigo Folo, olvida el objeto de su búsqueda. Es decir, ya no es su Yo superior el que guía su camino, su proceder. De esta forma, Hércules sucumbe al deseo tras la incitación de Folo (que simboliza al cuerpo físico) y a la celebración con Quirón (que representa al kamamanas, al pensamiento unido a la emoción) El vino, desde el punto de vista de la personalidad, es un objeto del deseo que representa el falso elixir de la vida o de la inmortalidad, incluso del falso conocimiento y de la iniciación. En este sentido, el vino aporta una alegría que es fruto de la quimera, y como sucede en el mito, no puede acabar sino en pérdida y sufrimiento. El jabalí simboliza a la personalidad cautiva del deseo, guiada por la pasión de los sentidos y que devasta la vida de los hombres. Al
deseo, a esa bestia salvaje, no se le puede domar desde el mismo plano
del deseo, como le sucede a Hércules en el relato. Es por ello
que, después de la tragedia, Hércules retoma su búsqueda
pero, en esta ocasión, ascendiendo a lo alto de las montañas.
Una alegoría de la necesaria elevación del aspirante
o del discípulo para afrontar adecuadamente sus pruebas kármicas.
El comienzo del ascenso es el cese de la pasión. Una vez capturado el jabalí de la personalidad, Hércules lo domesticó. Es decir, el objeto de integrar a la personalidad, no es para aniquilarla ni eliminarla, se trata de que la personalidad sea el vehículo de expresión del Alma, de nuestro Yo Superior. Por ese motivo, Hércules adiestró al Jabalí para que le obedeciera. El mito finaliza con la alegría de Hércules descendiendo con el jabalí amaestrado por el sendero que descendía de lo alto y la consiguiente risa de las gentes. A diferencia de la alegría inicial fruto del deseo, esta alegría que procede de nuestro Yo Superior es imperecedera, es armónica y equilibrada, es amablemente contagiosa, pero fundamentalmente es compartida, porque no se obtiene a costa de nadie ni de nada. Es esa alegría natural procedente de nuestro corazón, obtenida del equilibrio del par de opuestos, que a todos abraza, guía e ilumina.
Josep
Gonzalbo
Referencias: Josep
Gonzalbo Gómez
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