Interpretación
del octavo trabajo de Hércules:
Destruyendo la Hidra de Lerna
(Escorpio, 23 octubre22 noviembre)
Gustave
Moreau: Hércules y la Hidra de Lerna (1876).
En el octavo trabajo, Hércules debe de deshacerse de la Hidra
de Lerna, una especie de ancestral serpiente de nueve cabezas que
moraba en una lóbrega y oscura cueva de un pantano de tierras
y aguas estancadas, pestilentes y absorbentes, cuyo hedor contaminaba
toda la atmósfera hasta siete kilómetros de distancia.
La Hidra poseía nueve cabezas mortales y una inmortal. La
decapitación de una de las nueve cabezas suponía
la resurrección de una doble. La cabeza inmortal era inaccesible
hasta la subyugación de las otras nueve mortales.
Antes
de partir, el Maestro le dio un único consejo a Hércules:
Ascendemos arrodillándonos;
Vencemos cediendo;
Ganamos renunciando.
Cuando
Hércules se aproximó, tuvo que detenerse ante la insoportable
pestilencia de la ciénaga. Además, la tierra que pisaba
era un peligro porque estaba formada por arenas movedizas. La hidra
no solía salir de su cueva, estaba siempre oculta. Por
ese motivo Hércules tuvo que lanzar flechas con fuego dentro
de la caverna para así hacerla salir. La hidra, de varios
metros de altura, surgió feroz y lanzando fuego por sus nueve
cabezas y removiendo su cola escamosa, salpicando de maloliente cieno
a Hércules. Después intentó enroscarse a
los pies de Hércules, pero al escabullirse, éste le
golpeó con su garrote y segó una de sus cabezas. Apenas
cayó la cabeza al pantano, dos cabezas crecieron en su
lugar. De esta forma, con cada golpe de Hércules, la Hidra
se tornaba cada vez más fuerte. Ante la inutilidad de sus acciones
Hércules recordó el consejo de su Maestro –nos
elevamos arrodillándonos– y abandonando sus armas, hundió
sus rodillas en el lodo y alzó con sus brazos a la hidra en
el aire. Expuesta a la luz del Sol y el viento fresco y puro, la hidra
se debilitó hasta el punto que sus cabezas cayeron desplomadas.
Entonces, de entre ellas, surgió la cabeza inmortal de la hidra,
la cual cortó Hércules. Como la cabeza cercenada aún
silbaba con ferocidad, Hércules la enterró debajo de
una gran roca.
La
Hidra encarna los egregores generados por los hombres, todas las acciones
dirigidas a la satisfacción de sus impulsos inferiores, el
producto de una vida guiada por el instinto. La Hidra, como todo egregor,
habita en las zonas sombrías de la inconsciencia del hombre.
Sus nueve cabezas constituyen los problemas u obstáculos que
ha de vencer todo discípulo.
Estas
nueve pruebas pueden dividirse en tres grupos:
• Pruebas físicas: relacionadas con el sexo, la comodidad y
el dinero
• Pruebas emocionales: relacionadas con los miedos, el odio y la ambición
• Pruebas mentales: relacionadas con el orgullo, la separatividad
y la crueldad
Una vez superadas las nueve pruebas, los tres planos quedan alineados
y emerge la cabeza inmortal de la hidra, la de la personalidad que
integra los planos inferiores. Estas pruebas son los obstáculos
que impiden la iluminación del discípulo. Cuando se
superen, la Luz del Alma guiará entonces sus pasos. Por
ello, Escorpio es un signo de oportunidad a la muerte de la personalidad
y al renacimiento espiritual del ser humano. El discípulo debe
trascender el cenagal de su naturaleza inferior, que durante tanto
tiempo permaneció dormida, dejada y abandonada inconscientemente
al poder magnético e ilusorio de la materia y del deseo. Es
el fangal que engulle y diluye en numerosas ocasiones las nobles
aspiraciones y la naturaleza divina de la humanidad, del cuarto reino
de la naturaleza. En primer lugar, el discípulo debe de descubrir
el origen gravitatorio de sus impulsos, de sus instintos de su deseo
y de sus ideas. Debe desarrollar su capacidad de discernimiento,
una capacidad que no se logra sino a través de grandes dosis
de paciencia, dedicación y voluntad. De esta forma, el mito
nos muestra cómo Hércules lanza flechas de fuego para
esclarecer la existencia de la hidra.
En segundo lugar, fruto de la progresiva apertura del centro cardíaco
del discípulo, debe de emanar el amor necesario para, desde
una potente e incluyente humildad, elevar sus adversidades a la Luz
del Alma. Así, en el mito, Hércules alza a la hidra
en el aire y la expone a la luz del Sol y a la pureza que le rodea.
El discípulo reconoce previamente que las pruebas no pueden
superarse en el mismo plano donde tienen lugar, y por ese motivo,
debe de enfocarlas siempre desde una dimensión superior. Es
por ello que el mito nos muestra que Hércules al seccionar
una cabeza, con las mismas armas, surgen dos cabezas en lugar de una:
el conflicto así se agrava. Cuando el discípulo afronta
adecua damente esta prueba, logra someter a su personalidad
yo inferior a la voluntad de su Yo Superior el Alma. No destruye,
pues, su personalidad, dado que ésta sigue viva con sus tendencias
naturales, tendencias que no puede cambiar ni eliminar, tan sólo
orientar. Por ello, en el mito, Hércules entierra la cabeza
inmortal de la hidra la personalidad debajo de una roca, que simboliza
la voluntad de Alma e incluye a sus otras dos cualidades: Sabiduría
y Amor.
Josep Gonzalbo Gómez
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Referencias:
• Alice Bailey (1974). Los trabajos de Hércules, una interpretación
astrológica. Madrid. Editorial Luis Cárcamo.
• José Trigueirinho Netto (2006). Hora de crecer interiormente.
El mitode Hércules, hoy. Buenos Aires. Editorial Kier. ISBN:
9501701573
• Sri K. Parvathi Kumar (1999). Hércules. El Hombre y el Símbolo.
Barcelona. Ediciones Dhanishtha. ISBN: 8488011407
• FranciscoManuel Nácher. Los doce trabajos de Hércules.
Libro digital.