El
verdadero padre del Maestro Jesús
Juan Ramón González Ortiz

Cristo es el Misterio más profundo que no solo todo cristiano
debe realizar sino también todo ser humano comprometido espiritualmente,
aunque cada uno lo interprete de distinta forma. Para algunos Cristo
es un personaje y para otros un estado interior. Para muchos, se trata
de una unidad formada por el Maestro Jesús y el Logos. En los
escritos sagrados se le identifica a menudo con el Hijo. Ahora bien,
¿de qué Hijo se trata? ¿Quién es el Hijo?
¿Qué entendemos por el Hijo?
Desde siempre se nos ha dicho que no hay vida más misteriosa
que la del Maestro Jesús, el cual fue adumbrado por el mismísimo
Cristo, también llamado el Bodishatva o el Instructor del Mundo,
durante tres años de su vida pública. Esto es así
para nosotros, que nos movemos del desconocimiento al conocimiento
y de la oscuridad a la luz, pero no es así para quien ya vive
en la luz o cerca de la ella.
Fue la personalidad llamada Cristo quien también adumbró
al niño Krishna.
El estudio de la historia oculta del planeta integra también
el conocimiento perfecto y verdadero de los fundadores de las religiones
y de los avatares, tanto mayores como menores, que han trabajado sobre
la Tierra.
La vida “oficial” del Maestro Jesús no tiene nada que ver,
absolutamente nada, con lo que nos han contado, que no es sino una
invención tramada bajo la protección del emperador Constantino,
fundamentalmente, por Ireneo de Lyon y Eusebio de Cesárea.
Leadbeater ya abordó el problema de la Vida del Maestro Jesús,
refiriéndose, incluso, al hecho de que el nacimiento de este
maestro tuviese lugar cien años antes de su nacimiento oficial.
Voy a tratar aquí un confuso aspecto de la vida de Maestro
Jesús, que es incomprensible fuera de la hermenéutica
sapiencial.
Para los judíos el padre del Maestro Jesús, era una
persona llamada José ben Pandera (o, según otros, Panthera).
San Juan Damasceno es su descripción del linaje de la Virgen
María nos dice que el abuelo de la Virgen era un tal Bar Pantheros.
Este antepasado, al helenizar su nombre lo transformó en Pantheros.
Curiosamente, san Epifanio, que vivió en la primera mitad del
siglo I en Chipre, en su genealogía de Jesús cita como
padre de este a Pandera.
La Orden de Temple, que tenía muchísimos datos, totalmente
diferentes de los datos oficiales, sobre la vida de Jesús consideraban
a un tal ben Panther como su padre.
La erudita e investigadora de las religiones, Jane Schaberg, ofrece
nueve textos rabínicos, que llegan hasta el año 200
d.C. y que hablan del nacimiento de Jesús. En siete de ellos
se dice que el padre es un hombre llamado Panthera. Según el
Sepher Toledoth Jeshuh, o Relato de la vida de Jesús, del cual
se habrían sacado los Toledoth Jeshuh, los más antiguos
entre los siglos II y V de nuestra era, Myriam, la madre, estaba prometida
con el rabino Yohanam, o José, y esta fue forzada por el mercena
rio romano José ben Panthera, el cual o bien abusó de
ella o bien la engañó haciéndose pasar por el
prometido legítimo.

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De esta forma nació el niño que después se llamaría
Yehoshuah, que significa “Yahveh me ha salvado”.
Existe una infame película de 1979, hecha por un grupo inglés
de comedia, donde se juega con esta versión judía del
nacimiento de Jesús pues, en la película, se desarrolla
la vida de un imitador del Maestro Jesús, que a veces es confundido
con él, el cual nace de la violación de su madre por
parte de un centurión romano.
Desde luego, todo esto encierra una dimensión simbólica.
Sin embargo, ni el pueblo ni los comentaristas ni los rabinos supieron
entender todas estas metáforas cayendo en valoraciones tan
escandalosas y sórdidas que exigieron que los primeros Padres
de la Iglesia creasen la doctrina de la Inmaculada Concepción.
Y efectivamente,
puesto que María era una altísima iniciada, podemos
decir que su concepción fue radicalmente diferente a la de
todos los demás seres humanos, ya que en ella no había
ni una mala tendencia, ni la más leve sombra de pasión
humana o de pecado. Por eso mismo, podríamos llamar a esta
concepción “virginal”. Es más, el Alma del iniciado
que debía encarnar en el cuerpo de Myriam para tan alta misión
sin ninguna duda tendría que prepararse especialmente durante
un gran período de tiempo.
María es también la imagen de todas las Prakritis, o
estados de materia, sobre las que actúan los dioses creadores,
así como de las todas las jerarquías angélicas,
portadoras de eso que se denomina la “Energía”.
En los Evangelios, la imagen materna tiene un doble valor: como realidad
que esclaviza y como fuente que libera. Esta imagen se halla condensada
en el pozo que se describe junto a la Samaritana en su encuentro
con Jesús. Por una parte, el pozo es un lugar hondo y sombrío,
pero por otra parte contiene agua fresca y salvadora.
Según la tradición que hemos presentado, el Maestro
Jesús tendría dos padres: uno físico y otro adoptivo.
Evidentemente, la madre, la Virgen María, nunca tuvo relaciones
ilícitas de ningún tipo.
El padre físico, es decir, el mercenario romano, sería
algo así como una figura equivalente a Dios. Nos explicamos:
José ben Panthera expresa “el origen divino”, el Padre divino
que se le revela al aspirante en el transcurso de la iniciación.
Entonces el aspirante conoce, al menos en parte, y de veras, a su
padre. A su Padre desde siempre, el Logos Uno. En cada iniciación
posterior irá conociendo partes cada vez más amplias
de este Padre, hasta que al final pueda decir, triunfante, “El Padre
y yo somos uno”.
Por otra parte, el animal llamado “pantera”, cuyo nombre es sospechosamente
idéntico al del supuesto padre natural del Maestro Jesús,
tiene una amplia simbología en todas las referencias cósmicas.
La piel de la pantera era el atributo de Dioniso, pues esa piel brillante
y negra, sugiere al firmamento con todas sus estrellas. La piel de
la pantera es un símbolo celestial, asociado desde siempre
a las concepciones panteístas.
No olvidemos que el Maestro Jesús cuando, siendo niño
se pierde en el Templo, recusa a sus padres físicos, diciéndoles
que a partir de ahora debe atender solo a su Padre. Este suceso vela
una iniciación, pues el número de doce años,
que, supuestamente, tenía el niño, nos habla de un
ciclo completo que termina. Además, el Templo en el que el
Maestro Jesús se oculta no es sino el lugar escondido en el
cual se toman las iniciaciones. A partir de ese momento, Jesús
niega su linaje carnal y terrestre, que se relaciona con el mundo
de la forma.
Tras encontrarse de nuevo con José y María, rechaza
a sus padres carnales y se decanta por su Padre divino, el cual, como
hemos dicho, muchas veces está velado simbólicamente
por la pantera, o el leopardo, que representan el misterio del universo
estrellado, y por extensión el misterio del más allá
y del control del universo.
En algunos relatos del Talmud se nos dice que hubo gente que hacía
milagros en nombre de Jesús ben Panther. Como vemos, una curiosa
mezcla, o más bien confusión, de dos realidades: Jesús,
por un lado y, por otro, su Padre, el Verbo o Logos, que sería
el nombre Ben Panther.No cabe duda de que los rabinos, que seguramente
desconocían el mundo de los relatos iniciáticos, mezclaron
de manera intencional las dos realidades referentes a los dos padres
de los que habla Jesús y compusieron una narración en
la que un padre espiritual, inexistente en el plano de la materia,
fue convertido en hombre y transformado en verdadero padre físico,
en el genuino padre físico. El resultado fue un tremendo embrollo
que se intentó solucionar con la doctrina de la Inmaculada
Concepción, elevada a dogma en 1854 por el papa Pío
IX.
Juan Ramón González Ortiz