Divagaciones
sobre Viajes en el Tiempo
Por Quintín García Muñoz

Hace ya cincuenta años que conocí a un joven francés,
como he comentado en algún otro artículo. Durante otros
tres años más, mantuve una estupenda relación
de amistad, aunque más bien podría haberse definido
como una relación maestrodiscípulo, o tal vez, como
poco antes de morir expresó, de hermano mayor a hermano menor.
Fue
algo bello, y en ocasiones inquietante. Coincidimos en un camping
del Pirineo. Después de mi estancia de siete años
en el Seminario de Zaragoza, necesitaba poner en orden mis pensamientos
y, todavía más, mis creencias y sentimientos.
Y recuerdo, como si fuese ahora mismo, la primera de las charlas que
mantuvimos, o más bien él mantuvo conmigo. Yo era una
persona, está claro por mi ascendencia de seminarista, religiosa,
si bien es cierto que por aquel tiempo mi fe en Dios comenzaba a tambalearse,
llegando a tildarme a mí mismo de ateo.
Antes
de nada, diré que este artículo, en algunos puntos,
no es totalmente científico, pues nunca he tenido la suerte
de estudiar matemáticas superiores, o física, ni
siquiera electricidad, campos magnéticos... Sin embargo, desde
aquella fecha lejana, dos temas: el tiempo y nuestra ubicación
en el universo, me han parecido muy interesantes.
–¿No crees que la vida es un poco extraña?
–No sé. –le respondí.
–Ya… eres de los que piensan que la mitología griega, romana
o egipcia son cuentos para niños.
–Claro… los Dioses nunca han existido. Son una especie de fábula
para enseñarnos algunas cosas.
–Tampoco piensas que en este mismo momento podría haber unos
seres invisibles… ahí delante de nosotros escuchando lo que
hablamos
–No sé… ¿es algo raro, no?
–Imagino que tampoco sabes nada sobre la Teoría de la Relatividad.
–No.
–Fíjate qué curioso… imagina que tienes que ir de aquí
a Madrid. Si vas en tren ¿cuánto tiempo cuesta?
–Ocho horas en expreso y seis en rápido.
–Pero si vas en avión… menos de una hora.
–Imagino.
–Pues más o menos lo que decía Einstein es que conforme
vas más rápido, el tiempo va disminuyendo, hasta que
el tiempo comienza a ser negativo… es decir que llegas antes de haber
salido.
Muchas
veces me he preguntado por qué causa aquel joven francés
inició nuestra relación con aquellas frases respecto
al tiempo. Supongo que para él, siempre lo he pensado, representaban
una realidad mental.
Consultando
en internet parece ser que tal afirmación puede ser cierta:
https://culturacientifica.com/2018/01/16/larelatividaddeltiempo3/
¿Qué
ocurre si nos las arreglásemos para alcanzar una velocidad
superior a la de la luz?
Si esto pudiera suceder, entonces v2/c2 sería mayor que 1,
por lo que (1v2/c2) sería negativo. ¿Cuál es
la raíz cuadrada de un número negativo? Como nos hemos
impuesto como limitación no emplear otras matemáticas
que las que se estudian en primaria hemos de responder que no hay
un número que, al cuadrado, arroje un resultado negativo. Por
lo tanto, llegamos a la conclusión de que la raíz cuadrada
de un número negativo en sí no tiene realidad física
[1].
En la práctica, esto significa que los objetos no pueden tener
velocidades mayores que c. Esta es una razón por la cual la
velocidad de la luz a menudo se considera como el «límite
de velocidad» del Universo [2].
¿Es posible que el tiempo vaya hacia atrás?
Las matemáticas nos dicen que hay dos formas de llegar a un
número cuadrado como 9: puedo multiplicar 3 por 3 o 3 por
3 y en ambos casos el resultado es el mismo, 9. Visto en el otro
sentido, la raíz cuadrada de 9 es doble, 3 y 3. Los valores
negativos se suelen despreciar por carecer de sentido físico.
Para que el tiempo fuese hacia atrás entonces ?tm /v(1v2/c2)
tendría que ser negativo, lo que significa que en el intervalo
de tiempo ?te, el tiempo final es menor que el tiempo inicial. La
única forma de conseguirlo es si v(1v2/c2) tiene un valor
negativo. Lo que es perfectamente posible, basta con no despreciar
la solución negativa de la raíz cuadrada. Por tanto,
viajar en el tiempo hacia atrás es es teóricamente
posible [3].
Notas:
[1] Aunque sí tiene una solución matemática,
lo que se llama un «número imaginario».
[2] Ni los objetos ni la información pueden viajar más
rápido en el vacío que la luz. Nada que tenga masa puede
ni siquiera alcanzar la velocidad de la luz, ya que c actúa
como un límite asintótico (lo que significa que puedes
aproximarte todo lo que quieras o puedas pero nunca alcanzarlo) de
la velocidad.
[3] El único inconveniente es que un intervalo de tiempo negativo
implicaría que masa y energía serían negativas
absolutamente. Y, hasta donde sabemos, masa y energía son positivas.
Obviamente las diferencias de masa y energía pueden ser negativas,
por eso decimos absolutamente. Un objeto puede ganar o perder 1g o
100 kg, pero no puede tener una masa de – 7 kg; lo mismo para la energía.
Sobre el autor: César Tomé López es divulgador
científico y editor de Mapping Ignorance
Aunque el planteamiento de mi amigo francés fuese incorrecto,
y según el artículo de internet no lo es, con su razonamiento
intentaba decirme algo, sin desvelar su secreto.
Probablemente
estaba hablando de su origen así como de su experiencia mental,
cosa que nunca me reveló a lo largo de los tres años
y medio de nuestra amistad. Si tal razonamiento, respecto a los viajes
en el tiempo fuese correcto, está claro que viajando a la velocidad
de la luz, en caso de que se pudiese, podríamos viajar al
pasado, por lo menos al pasado del punto de destino, puesto
que si se adquiriese suficiente velocidad, el tiempo sería
1, 2, 3, n.
Viajes al futuro
Lo
que sí parece afirmarse por algunos científicos es
lo siguiente:
Conforme
la velocidad se aproxima a la de la luz, el tiempo se dilata.
De
tal forma que si pudiésemos subir a una nave espacial
que viajase a una velocidad cercana a los 300.000 kilómetros
por segundo, aquellos que estuviésemos dentro de la nave no
envejeceríamos. En principio tampoco una nave podría
acercarse a tal velocidad, pues entonces nos dicen que la masa se
haría infinita.
Es
lo que nos intentan indicar con el ejemplo de los dos hermanos gemelos.
Uno de ellos sube a la nave; el segundo gemelo se queda en tierra.
Este último, cuando regresa su hermano, según
el tiempo que haya viajado, tiene 80 años, mientras que el
que baja de la nave apenas tiene 40 años de edad.
Tal razonamiento es el mismo que se utiliza en la famosa película
El planeta de los simios. Cuando los viajeros del espacio consiguen
regresar a la Tierra, la civilización ha sido destruida
y gobierna una nueva raza… los simios.
La
Teoría de la Relatividad parece ser que también está
confirmada por el experimento que se ha hecho con dos relojes sincronizados.
El que viaja en un avión se retrasa algunos nanosegundos respecto
al que permanece en tierra.
¿Qué
significa este razonamiento? Pues que según la teoría
de la Relatividad… o la Relatividad Especial, sí se puede
viajar al futuro, indirectamente. Podría ocurrir que unos
extraterrestres hubiesen estado en 1789 en la Tierra, haber sido
testigos de la Revolución Francesa, y después de
un viaje de x años a una velocidad cercana a los 200.000 kilómetros
por segundo, por ejemplo, volver a aparecer en 1939 y ser también
espectadores de la segunda guerra mundial. También
podrían implantar en un humano la semilla de una supermente,
y volver a pasar por la Tierra setenta años más
tarde para ver si había tenido éxito su experimento.
Lo
que parece desprenderse de estas suposiciones es que: sí que
se puede viajar al futuro. Tales supuestos astronautas estarían
de viaje unos años, y como consecuencia de su viaje a la velocidad
cercana a la luz, el tiempo de la Tierra habría transcurrido,
quizás un siglo o dos. También se deduce que tal viaje
sería unidireccional, nunca podrían volver al pasado,
salvo que hubiesen adquirido también la técnica, de
acuerdo a la Teoría de la Relatividad, de viajar a mayor
velocidad que la de la luz, y el tiempo se haría negativo.
En
principio, esta facultad de viajar de algunos seres extraterrestres,
no implicaría ninguna modificación directa del
futuro, salvo a través de las consecuencias que se produjesen
por la implantación de distintos superhumanos viviendo
entre los humanos en su primera aparición. En caso de
que modificasen algo, entraríamos de lleno en la película
“Regreso al futuro” en la que a cada cambio corresponde un futuro
distinto. También podría ocurrir que los mismos extraterrestres
fuesen identificados como ángeles o santos en la Edad
Media, y luego fuesen denominados astronautas en nuestros tiempos.
Para ser más concisos, imaginemos que unos extraterrestres
se aparecieron en algunos lugares de culto religioso, y años
más tarde se mostraron con vestiduras blancas pero que en
nuestros tiempos podrían ser identificadas como trajes espaciales.
Podrían
estar interesados en comprobar, como se ha sugerido anteriormente,
si la cosecha de seres híbridos y operados, de cuerpo humano
y alma extraterrestre, iba por buen camino. Incluso voluntarios
extraterrestres que hubiesen sido ubicados en nuestro planeta,
por algún interés oculto. Tal forma de viajar
podría implicar que los viajeros en naves tan rápidas
no pudiesen regresar a su propia época en su propio planeta.
Sus seres queridos también habrían envejecido mientras
ellos mismos se habrían mantenido jóvenes…
Además… se pueden añadir otras paradojas...
Si
viajando a la velocidad de la luz, el tiempo se detiene, ¿significa
que tampoco avanzaría el tiempo para sus propios pensamientos?,
es decir, ¿que permanecerían estáticos sin apenas
cambio ni evolución alguna de sus pensamientos y de sus
sentimientos? o aunque no trascurriese el tiempo para su cuerpo
físico, ¿sus pensamientos sí que se podrían
desarrollar?
Esto
nos llevaría a una conclusión aparentemente imposible
y descabellada…
A
unos navegantes, que se desplazasen a la velocidad cercana a la de
la luz, igual les daría cien años luz que cien mil años
luz…
Podrían
viajar de una punta a otra del universo sin envejecer, pues mientras
la nave mantuviese los 300.000 kilómetros de velocidad,
su tiempo no transcurriría.
Sé
que suena a locura total… pero esto es lo que parece desprenderse
si el tiempo se dilata.
Un
espectador podría observar cómo un punto luminoso traza
una línea en el cielo estrellado cuando se desplaza por el
universo y comprobar la cantidad de kilómetros recorridos…,
pero para los que van en su interior no pasaría el tiempo,
y recorrer una, dos, cien, mil galaxias sería lo mismo… ellos
saldrían casi de igual forma que habían entrado en
la nave.
Según esta descabellada conclusión,
parece ser que es científico que las partículas que
viajan a la velocidad de la luz, como para ellas no pasa el tiempo,
llegan a nosotros con las mismas cualidades, o parecidas, que tenían
cuando salieron de lugares tan lejanos.
Tal vez el efecto Doppler nos indicaría que algo han variado
en intensidad energética… pero el hecho es: que después
de miles de millones de años tales partículas son detectadas
por nuestros telescopios.
Cuando
escribí una novela que se titula Viaje al Corazón,
en la que unos seres etéreos de la Tierra viajan a un planeta
cercano a Sirio, me topé con la paradoja de que a ellos apenas
les había costado unos segundos, y sin embargo habían
recorrido una distancia equivalente a 8 años luz, porque
lo que para nosotros representaba una distancia que se tarda en recorrer
ocho años a la velocidad de la luz, para los que estaban en
el interior de la nave, el tiempo era 0. Dicho de otra forma, para
los Dioses que se desplazasen a la velocidad de la luz, no existiría
el tiempo, mientras que para sus creaciones… , nuestros mundos, nacerían,
crecerían y morirían…
Como conclusión, si la velocidad es cercana a 300.000 km. por
segundo… no se puede viajar al pasado, pero sí mantenerse
en una nave espacial a la velocidad de la luz y aparecer en el
futuro, para no poder regresar, salvo que al aumentar la velocidad
de la luz, el tiempo comenzase a ser negativo, algo que también
se ha utilizado en novelas de ciencia ficción por medio
de los hipotéticos taquiones.
Y como colofón, tales viajeros podrían tener casi la
misma edad que el universo. Faltaría por comprobar, desde el
punto de vista ocultista, cómo desaparecerían cuando
el universo se sumiese en Pralaya.
También
habría otro problema. El posible viajero a la velocidad de
la luz, en una hipotética máquina del tiempo estática
sobre un punto, no se detendría en el mismo punto de origen,
pues éste habría cambiado debido a los movimientos
de rotación y traslación de la Tierra y del Sol. Pero
es de suponer que una vez resuelto el problema de viajar a una velocidad
cercana a la luz, el buscar el punto de origen en el espacio sería
un cálculo al alcance de aprendices. La Tierra se traslada
a 40 km. por segundo, rota a 400 m/S y el Sol se traslada a 220 K/
Dicho de otra forma... amigo lector: si comienzas a contar en voz
alta, cuando digas 1 ya no estás donde estabas hace tan solo
un segundo… Estás a 260 kilómetros. Imagino que habrá
que hacer difíciles cálculos matemáticos para
indicar en qué posición se está 1000 años
más tarde.
Viajes al pasado (Esotéricos)
Según parece, para la ciencia, los viajes al pasado no serían
posibles… o casi imposibles a través de agujeros de gusano
y que se viajase a mayor velocidad que la de la luz, pero desde el
punto de vista esotérico, el pasado esté almacenado
en algún lugar de la llamada mente universal, o incluso de
las mentes de entidades superhumanas. Y lo cierto es que si hacemos
caso a Hermes Trismegisto, Arriba es como abajo, podríamos
llegar a pensar que puesto que existen entidades gigantescas en el
espacio (con forma de círculos de energía), estas entidades
archivarían el pasado en distintos lugares dentro de su
propio espacio vital. Igual que nosotros los humanos tenemos
archivados recuerdos en algún lugar de nuestro cerebro,
y que tales recuerdos están ahí enterrados
convertidos en energía inactiva, es decir, en algún
tipo de materia, y que podemos activar cuando recordamos, las mencionadas
superentidades pueden acceder, cuando así lo requieren, a recuerdos
del pasado. Cuando proceden de tal forma, probablemente activan tales
depósitos de materiaenergía con la energía dinámica
de su pensamiento y hacen resucitar o revivir los acontecimientos
de un lejano pasado… de miles y miles de años para nosotros.
Nos dicen algunos sabios que nosotros, simples mortales, podríamos
acceder a esos archivos de recuerdos, si adquiriésemos
tal capacidad. Paradójicamente, se deduce que si dispusiésemos
de la suficiente energía, podríamos modificar
tales registros, y algo que nunca se me había ocurrido hasta
ahora, podríamos alterar el futuro. Tal extraño acontecimiento
es… hasta lógico.
Modificación
del pasado y, como consecuencia lógica, del futuro.
Nuestras
actuaciones presentes están basadas en experiencias anteriores,
es decir, en los registros de memoria que almacenamos
en nuestro cerebro.
Supongamos que tuvimos una breve y dificultosa relación
con alguien en concreto. Cuando recordamos lo que sucedió
años atrás, si volvemos a ver al sujeto implicado, podemos
rehuir su encuentro.
Si algo fue desagradable y no deseamos que vuelva a ocurrir, evitamos
la situación de referencia, pero si durante un momento
de cierta lucidez considerásemos que nuestros recuerdos
fueron exageradamente calificados de malos, y con cierto
tipo de energía lográsemos borrar o cualificar benévolamente
aquellos registros, habríamos modificado el futuro, y seríamos
capaces de saludarle sincera y amablemente la próxima
vez que lo viésemos.
Así pues, si tal y como nos dice la filosofía oriental
y el esoterismo, el espacio es una Entidad, si consiguiésemos
modificar ciertos archivos de la memoria de nuestros
Dioses, si en algún momento posterior, Ellos accediesen a los
archivos, su actuación en el futuro sería distinta
a la que hubiese sido en consonancia con los archivos originales.
De todo ello se deduce que si supiésemos acceder
a los archivos akáshicos (productores de efectos tanto buenos
como malos), y tuviésemos el poder de reestructurarlos,
cambiaríamos el futuro de los propios Dioses… porque habríamos
modificado sus recuerdos… Aunque de momento… nos conformaríamos
con poder ver algunas partes de los recuerdos de los Dioses, y por
ende de nuestra raza.
El eterno presente
(Aplicable también al Eterno Retorno)
Todavía hubo una afirmación más de mi amigo:
el tiempo no existe. Como algunas de sus afirmaciones, decir
con rotundidad que el tiempo no existe era y es para mí algo
inaudito. Comprender a alguien como mi amigo francés es
difícil. No hacía mucho me había dicho que éramos
nosotros los que pasábamos por el tiempo, y que era incorrecto
decir: el tiempo pasa.
Es
verdad que no deja de ser una afirmación que hemos escuchado
cientos de veces y que quien lo asegura lo hace de una forma simple,
vulgar e inconsciente. Algunos escritores lo han asegurado,
lo que probablemente debieron afirmar por alguna experiencia
extraña que habrían tenido y que se escapa a nuestra
comprensión.
Sin
embargo, puede suceder que en el lugar en el que habitan los Dioses,
puesto que se basa, no en cuerpos de carne y hueso, sino en cuerpos
de luz, para ellos, lo que nosotros indicamos como tiempo “no existe”.
Podríamos intentar comprender tal afirmación, si nos
examináramos detenidamente a nosotros mismos.
Normalmente podemos llegar a vivir setenta años gracias
al trabajo en nuestro cuerpo de miles, millones, cientos de
millones de ciclos de otros seres vivos sobre los que reposa
nuestro principal haber como humanos: el pensamiento, que parece
ser está constituido por energía eléctrica que
unifica todo. Salvo las neuronas que incluso pueden vivir setenta
años, lo normal es que las dimintuas células se renueven
rápidamente. En muchas ocasiones su tiempo de vida es de tres
días.
70
años por 365 días da un total de 25.550 días,
que divididos por un ciclo (3 días) = 8.516 ciclos.
Es decir que, en nuestro propio cuerpo, hemos sido testigos de 8.516
generaciones de células.
Si trasladamos esta analogía al mundo de los Dioses, podríamos
suponer que una Entidad superhumana, de quien nosotros seríamos
simples células, podría tener una duración de
596.120 años (8.516 ciclos por 70 años). Dicho de otra
forma, ¡qué no podría saber un Superhumano de
medio millón de años de edad acerca de las venturas
y desventuras de un simple mortal!
Si por un milagro, una célula que vive tres días se
convirtiese en “electricidad” y pasase al mundo de nuestro pensamiento,
vería cómo todos sus congéneres vivían
y morían durante 8.516 ciclos… hasta… cansarse de contar.
Es
decir, que desde un mundo construido con materia densa pasaría
a un mundo que funciona con materia lumínica, eléctrica,
magnética…
Una
vez estudiado el funcionamiento y el ciclo de sus congéneres,
podría predecir casi exactamente el futuro de cada generación
de células.
Parece ser que algo así es lo que ocurre a algunas personas
que momentáneamente pasan de nuestro estado de consciencia
a la superconsciencia de los Grandes Seres que nos envuelven como
si de aire se tratase. Tales individuos observarían los
registros del pasado, contemplarían los registros
del presente y sabrían casi a ciencia cierta lo que deparaba
el futuro.
Podríamos llegar a la conclusión de que en la escala
de la vida, siempre hay unas entidades que viven y piensan en un
EspacioTiempo, en cuyo seno habitan otras entidades inferiores
que denominarían como el Eterno Presente.
Imaginemos
que una célula del estómago fuese capaz, por un acto
de “meditación”, de conectar con una célula cerebral
que sepa que la Entidad a la que pertenece va a hacer un día
de ayuno absoluto. La simple y “mortal” célula del estómago
vería el futuro de sus congéneres: “veinticuatro horas
sin alimento en el estómago”.
La verdadera dificultad para la célula del estómago
estaría en conseguir acceso a una fuente de información
fiable y verdadera. Porque bien podría desarrollar la capacidad
de conectarse eléctricamente con otro punto. Pero a saber qué
tipo de célula era con quien había conectado.
Trasladando el tema a los místicos y videntes humanos. Se
pueden tener visiones, se pueden tener contactos, pero ¿quién
puede asegurar al vidente, si lo que ve es el pasado, el presente
o el futuro, o lo que es peor, imágenes que están en
proceso de destrucción porque están totalmente obsoletas
e indican caminos que las nuevas generaciones ya no deben seguir?
Lo que nos lleva al siguiente punto.
Pasado vivo y pasado muerto.
Ciertamente, lo que respecta al tiempo es muy difícil de desentrañar,
pues vivimos dentro de él. Y a su vez, nosotros mismos
creamos espacio tiempo que limita la vida de otros seres.
Creo que habría que diferenciar entre el pasado vivo y el
pasado muerto.
Sería un ejemplo de pasado vivo cuando nosotros mismos
recordamos durante diez, quince o veinte minutos algunos acontecimientos.
En
ese preciso instante estamos activando un proceso por el
que los recuerdos toman vida de nuevo, si consideramos
que capturamos las grabaciones en algún tipo de materia y
las reproducimos en nuestra mente, formándolas de nuevo con
material eléctrico y revitalizándolas.
Respecto al pasado muerto, bien podría ser un libro que contiene
unos jeroglíficos ininteligibles para quien no sepa leer el
idioma en que está escrito, y contiene una historia, mientras
no se le dé vida, muerta.
Esta
diferencia entre pasado vivo y pasado muerto es vital para pensar
en la posibilidad de la existencia de viajes en el tiempo.
Cuando
un creador forma su mundo, instaura un proceso por el que se establece
una unión indisoluble entre materiaenergíatiempo.
Observemos nuestra propia conducta creativa.
Nos proponemos recordar una aventura de nuestra juventud. Echamos
mano de una grabación en la materia de nuestro cerebro, y comenzamos
a construir con materia eléctricomagnética una imagen.
Al construir ese preciso momento, generamos durante unos segundos
una formaeléctricamental. Es decir, creamos un marco espaciotemporal
totalmente indisociable uno de otro.
Este
marco espaciotemporal, que permanece vivo varios segundos,
o, como mucho, varios minutos… podría ser recorrido tanto
hacia adelante como hacia atrás durante el tiempo que
tal creación permaneciese activa en la mente del creador,
porque ese espaciotiempo es una unidad de materiaenergía
“permanente” y por supuesto viva.
¿Qué
velocidad se necesitaría para viajar de un punto a otro de
ese espaciotiempo? Es lo imagino que intentan descubrir los físicos
y matemáticos.
Lo
que intento decir con este ejemplo es que realmente
Sólo
existe el presente que un Creador es capaz de mantener con
vida, pues el hecho de hacer durar el mencionado marco de referencia
es lo único que hay.
Lo
que sí podría ocurrir es que puesto que existen multitud
de Creadores, alguno de ellos podría en este momento
estar recordando nuestra historia humana, y construyendo un mundo
vivo, es decir una creación espaciotemporal por la que viajar
en el pasado.
Dependiendo
de la intensidad, tanto en tiempo como en espacio, del Creador,
el viaje a través del espaciotiempoenergía, podría
ser más largo o más corto, pero el viaje estaría
limitado al universovivoencreación. Un segundo, un
minuto, un año… varios años… cientos de años…
Miles de años…
Proyecciones mentales
Todas estas extrañas divagaciones acerca del tiempo y del espacio
forman una base sobre la que se asienta la posibilidad de realizar
viajes mentales o proyecciones mentales. De nuevo podríamos
hacer referencia a lo que está más cerca, nuestra conciencia
interna. Creo que todos estaríamos de acuerdo en considerarnos
como múl tiples núcleos de recuerdos, o agru paciones
de imágenes a las que hemos dado un cierto sentido, y que tratan
el mismo tema. Trabajo, relaciones afec tivas, habilidades, aficiones…
Cada uno de estos conglomerados formarían en nuestra mente
distintos universos unidos por ciertas líneas de pensa miento,
y por supuesto cada uno interconectado con los demás. El esoterismo
tiene la misma explicación para el universo que nos rodea.
Todos los planetas, estrellas, constelaciones poseen unos mundos internos
y que están ocultos, como norma general, a nuestras capacidades
más corrientes.
Así
pues, sean lo que sean tales conglomerados, pueden ser susceptibles
de ser captados por alguien que haya desarrollado cierta facultad,
aunque sea de una forma imperfecta. En algún momento, la Ciencia
tendrá que afron tar con sus “sensores” ese otro universo
que subyace en el interior del mundo físico. Mientras tanto,
en otros ámbitos tales existencias se dan por sentadas. Es
probable que en el futuro los próxi mos e intrépidos
descubridores sean exploradores mentales. Con toda seguridad existirán
numerosos métodos para adentrarse en los mundos internos de
los Dioses. Por mi parte voy a mencionar dos. El primer método
me lo indicó mi amigo francés.
“Imagina cualquier objeto, por ejemplo un autobús, una
casa, una bicicleta. Visualízalo como si lo tuvieses
delante de tu frente. Luego redúcelo hasta que sea tan pequeño
como un punto, pero que a la vez guarde la característica,
la peculiaridad propia del objeto. Entonces entra en él. En
ese momento ese pequeño punto abstracto te dirá la esencia
que representa para ti el objeto. Un objeto “inanimado” puede
aportarte una gran sensación, cuánto más si
abstraes una persona. De esta forma yo he construido en mi cerebro
un mundo entero de “puntos de luz” y diría que he experimentado
como si hubiese vivido 500 años. Eso son los campos de abstracción”.
Esta manera de trabajar con la mente acrecienta la potencia de lo
que los antiguos llamaban el tercer ojo, y ello nos conduce hacia
algún extraño momento en el que se puede perforar la
barrera del tiempo. En este punto lo normal es que se acreciente la
incredulidad, pero si alguien desea saber de verdad las posibilidades
de la mente humana, que se lea “Los Aforismos de la Yoga de Patanjali”,
escrito hace varios miles de años y quizás crea que
la capacidad de una mente iluminada puede trascender el espacio
y el tiempo. La sabiduría de Patanjali es parte de la Yoga
de la Mente o Raja Yoga. Una técnica que debe dominar la humanidad
moderna y que según algunos todavía durará unos
seis mil o siete mil años más. Para poner el colofón
a los campos de abstracción, comentaré la frase que
su propia esposa, Karoline dijo tras el fallecimiento de Michael:
“Una vez me dijo que era extraterrestre y todas las noches viajaba
en una nave espacial, mentalmente”.
Extraído de la novela “Hijo de las estrellas”
http://www.maestrotibetano.es/resources/HIJO_DE_LAS_ESTRELLAS_SEGUNDA_EDICION_19.pdf
El segundo método propuesto es más conocido. Tal vez
podría deno minarse creación imaginativa.
El procedimiento consiste en diseñar un protocolo a seguir.
Como ejemplo, aunque apenas practiqué unas veces el primer
ejercicio, citaré Los Senderos Brillanes de Dolores Ashcroft,
por si algún lector lo considera inte resante. También
me gustaría mencionar El vagabundo de las estrellas de Jack
London y Sabazius de Douglas Lock hart.
Cada estudiante, al final, encuentra el método que más
le ayuda y con el que más se identifica. Por mi parte fue un
enorme descubrimiento encontrar va rios protocolos en Discipulado
en la Nueva Era, tomo II, de Alice BaileyMaestro Tibetano (Djwhal
Khul). Básicamente el viaje era imaginar que los estudiantes
saludaban al Maestro, y luego juntos entonaban la Gran Invocación.
Estos protocolos de actuación se pueden hacer en cinco o diez
minutos. Y si se ejecutan bien, el viajero mental regresa con nuevas
energías. Otro sendero más conocido es la asistencia
al festival de Wesak, en el que Buda y Cristo realizan una labor de
inter mediación entre las Entidades Cósmicas y la Humanidad.
Lo bueno de estos métodos es que en algún momento ocurre
algo que no estaba previsto.
Y ese algo es probablemente lo más valioso del viaje. Se podría
afirmar que se utiliza el protocolo como camino principal, por el
que también se retor na, y en algún momento hay una
pequeña parada donde sucede un evento extraño y en muchas
ocasiones gratificante.
Creo que la diferencia en realizar una proyección mental y
una pro yección astral, que no he realizado, está en
que durante una proyección mental, nunca, en ningún
momento, se pierde el dominio de la situación, pues ni por
un segundo el viajero deja de estar totalmente consciente, puesto
que está continuamente trabajando, despierto, con su cerebro.
Como precaución, se recomienda que una proyección mental
se haga cuando se está fuerte de salud y no se sufre alguna
enfermedad, aunque sea un simple constipado, pues casi con toda seguridad
que nuestra creatividad iría por derroteros menos agradables
y menos positivos.
Para terminar, se puede afirmar que ambos métodos ayudan a
construir un vehículo de luz, con el que somos capaces de desplazarnos
al mundo interno de los Dioses, que puede pertenecer al pasado, activado
por el recuerdo de las distintas Entidades, o incluso al futuro, que
es de suponer que son proyectos de los propios Dioses que todavía
no han precipitado en nuestro mundo más material.
Y por último, hay que recordar que cualquier decisión
que se tome sería bueno consultarla con nuestro corazón.
Es la mejor garantía de que el sendero tomado es correcto y
bueno para nuestro crecimiento personal y de grupo.
Quintín
García Muñoz