La
Virgen María
Juan Ramón González Ortiz

Experimento el máximo respeto por una figura tan divinizada
como la de la Virgen María. En el presente artículo
voy a intentar analizar la figura de la Virgen María desde
el punto de vista del simbolismo que expresa a la luz de la tradición
gnóstica, tradición contemporánea de Jesús
el Cristo.
La Virgen María funciona como símbolo y como realidad
en cuatro niveles:
1. Como Madre del Universo, símbolo de la Tercera Persona de
la Trinidad.
2. Como símbolo del Akasha.
3. Como madre de todos los creyentes en el CristoJesús.
4. Como la iniciada que fue, y madre además del Maestro Jesús,
o Yehoshua.
Cuando se acaba el dilatadísimo Pralaya, en el cual desaparece
la realidad objetiva y todo retorna a la unidad esencial, empieza
la Creación. Por supuesto que es Dios, en su modalidad de Creador,
quien inicia la Creación, porque el acto inicial parte de su
voluntad. Un rayo de Sí mismo, un sonido trascendental pone
en marcha todo el proceso. Este sonido es la Palabra, el Verbo, o
Vak, en sánscrito. Este sonido es el que modifica el Espacio
y desencadena la multiplicación de mundos y existencias, pero
no por Sí mismo sino a través de deidades que progresivamente
van a crear un nuevo universo.
El Universo recibe el primer hálito de Dios, pero la labor
de construcción depende de todas las Jerarquías dinámicas
implicadas en la tarea de diseñar, crear y vivificar.
Estas potestades actúan sobre la Sustancia Madre, Prakriti,
estableciendo en ella siete niveles de diferenciación. A estas
deidades o “dioses”, los griegos los llamaron colectivamente como
“Demiurgos”. En sánscrito se los denomina Prajapatis y todos
en su conjunto forman la persona divina llamada “Brahma”, el Creador.
Brahma no tiene nada que ver con Brahmán, que es el nombre
que designa la realidad última de Dios, al margen de cualquier
forma, Espacio o tiempo.
El equivalente hebreo de los Prajapatis, o dioses creadores en el
hinduismo, es “Elohim”, palabra que no equivale de ninguna manera
a Dios, pues Elohim es plural. Los Elohim son seres formados por la
unión permanente y estable de los principios masculinos y femeninos,
ambos en idéntica proporción. Su misión es crear,
construir y preservar. Puesto que su actividad es la creación,
los Elohim son activos y positivos. La Sustancia Madre, sobre la cual
actúan, es negativa, o pasiva. Y Dios, con respecto a ellos,
es neutro
Lo que nosotros llamamos en el Cristianismo Espíritu Santo,
y que simbolizamos con una llama o con una paloma (imagen tomada del
cisne Hamsa, entre los hindúes, que es el que pone el Huevo
Universal), representa el conjunto de todas las Jerarquías
Creadoras, así como la Sustancia Madre sobre la cual ejercen
su labor.
Los Elohim se agrupan en siete jerarquías. Una vez más
nos encontramos con el número siete, presente en todas las
culturas, como uno de los más extendidos patrimonios de la
Humanidad.
De hecho, el número siete está en todo: los siete pecados
capitales, los siete Sephirots, los siete días de la semana,
las siete colinas de Roma, los siete mares, los Siete Enanitos, las
siete notas musicales, las siete Iglesias del Apocalipsis, incluso
el Boeing 747, …El número siete expresa uno de los ritmos que
subyacen en todo el diseño de la Creación.
Para los primeros cristianos, la Virgen María simbolizaba la
Sustancia Madre, la raíz de toda la materia. La serpiente,
o un dragón serpenteante, tendido a sus pies, nos describe
la unidad esencial entre Materia y Fuerza. Esta última es el
atributo de los Elohim: la Energía entra en la Sustancia Madre
y la fecunda.
Esa serpiente es la representación de las jerarquías
espirituales, o angélicas, que realizan la casi totalidad de
la obra de la creación.
La angeología, en la doctrina cristiana, establece claramente
que los ángeles, con todas sus Jerarquías, son las potencias
intermedias responsables del gobierno y de la economía de la
creación. El propio Santo Tomás de Aquino afirma con
total rotundidad que los ángeles guían el destino de
los mundos y planetas.
Desdichadamente, la Iglesia no fue capaz de explicar a sus fieles
este alto sentido simbólico y bien pronto interpretaron las
imágenes artísticas de la Virgen María con la
serpientedragón a sus pies como la representación plástica
de la serpiente adamita.
Podríamos decir que la Virgen María es la diosa consorte
del Cristianismo. Es la potencialidad de Dios, pues la Creación
empieza cuando los dos polos dejan de estar absorbidos uno en el otro.
Una vez fecundada la Raíz de la Materia, esta se transforma
en Daiviprakriti, concepto en todo idéntico al hebreo de “Shekinah”,
que se traduce por “la Morada” y que se refiere al lugar donde Dios
se manifestaba en medio de su pueblo Israel. La presencia de la Shekinah,
era la señal reveladora de la presencia de Dios en Israel.
Una traducción más libre sería la de Dios en
el Templo, o incluso el aspecto femenino de Dios.
Daiviprakriti es el nuevo estado tras la fecundación de la
Madre. Esa emanación es la Primera Trinidad (que no la Primera
Persona).
Tras esta modificación del estado inicial de la Madre, susustancia
se convierte en Akasha. En realidad, Akasha, erróneamente identificado
con el Éter, es el Espacio universal en el que está
inmanente la Ideación eterna del Universo. Akasha es el Espacio
como Entidad. Sin embargo, si bien no coincide con el concepto de
Éter sí que coincide en todo con el concepto gnóstico
de Sophia, pues para los Gnósticos Sophia es mucho más
que simplemente su traducción a “sabiduría”
Esa sustancia solo tiene como único atributo el sonido. Y puesto
que aún no tiene como rasgo la luminosidad, se la representa
bajo la figura de una Virgen negra (por ejemplo, la Virgen de Atocha,
en Madrid, la Virgen de Rocamadour en Francia, o la Czetoschowa, en
Polonia).
De la misma manera que el Padre, cuya intención y voluntad
mantiene el proceso de la creación, permanece no diferenciado
y siempre es idéntico a Sí mismo, así también
la Madre se mantiene en su plano como Akasha, como una realidad no
diferenciada, idéntica también a Sí misma. Sin
embargo, su irradiación se divide en cinco elementos, que van
desde el Éter hasta la materia más densa.
Esto equivaldría a la “materia segunda” de Aristóteles,
que él deriva de la “materia prima”a la cual se le ha aplicado
un componente más, que para Aristóteles se trata de
un componente formal, aunque en su grado más sutil.
Como ya hemos dicho el Espíritu Santo es el símbolo
que reúne a todas las jerarquías creadoras, desde las
más cercanas al origen de todo como las más alejadas.
La Iglesia deformó este conocimiento, pues mantiene que en
nuestra Tierra solo ha habido un único Salvador e instructor
del mundo. Así, por ejemplo, la venida de los seres celestiales
provenientes de Venus y que significó para la incipiente humanidad
lemuriana el inicio de la verdadera hominización, fue adulterada
por la Iglesia que interpretó este descenso como la caída
de los ángeles rebeldes, de hecho, en la tradición gnóstica
se conocía colectivamente a todo este conjunto de entidades
como “Lucifer”, “El que porta la luz”, y también el planeta
Venus era designado con el mismo nombre. A Lucifer se le superpusieron
los rasgos de Satanás, mixtificando su realidad, y el descenso
de los salvadores venusinos pasó a ser el descenso a los infiernos
de un grupo de ángeles rebeldes.
La importancia de todas esas jerarquías creadoras es decisiva
pues son las que en realidad transforman y diseñan la materia
en unidades llenas de vida, desde las entidades de tamaño más
inimaginables hasta una simple partícula. Cuando estos seres
se multiplican una y otra vez en su descenso hacia la materia no hacen
sino llevar el Designio y la Intención a las entrañas
de la Materia. Porque la creación atañe a todo centro
de conciencia, sea el Señor de una galaxia o aquella minúscula
conciencia que forma la vida de un átomo. La creación
es simplemente la evolución del espíritu a través
de las formas.
Pero no olvidemos que todo surge en el seno de la Virgen Madre, y
ese seno es el Akasha, o la Sofía de los gnósticos.
El Akasha es, repitámoslo, conciencia divina sin otro atributo
que el sonido. Cuando decimos que,“el Espacio, o sea, el Akasha, es
una entidad” no podemos captar plenamente con nuestra mente el sentido
de esta alocución, tal vez nuestra intuición sí
que pueda, pero no la mente. El Akasha por Sí mismo no puede
actuar. Es su reflejo, su radiación (la llamada Luz Astral)
en donde se genera la madre de los Siete Espíritus Creadores.
Uno de estos espíritus era, según los gnósticos,
Jehová.
Todo centro creador está utilizando Éter en cada una
de sus creaciones. Por ejemplo, nuestro sistema solar utiliza en el
seno del Espacio siete tipos fundamentales de Éter, cada uno
de estos Éteres constituye un plano de la naturaleza o un cuerpo
objetivo o subjetivo del Señor Solar. Cada uno de estos planos
está regido por una entidad del Espacio que esotéricamente
llamamos Mahadeva o bien en términos cristianos, un Arcángel.
Los Mahadevas y los ángeles en todas sus huestes y jerarquía
constituyen también la entidad llamada Espacio. Sin embargo,
el Espacio es tan incluyente que contiene todas las creaciones posibles
dentro de su absoluto marco de expresión.
Podríamos decir que dentro del Espacio se origina el milagro
de la creación y que la creación siempre es un acto
de conciencia. Esto quiere decir, que la Virgen Madre permanece eternamente
inmodificada a pesar de que continuamente esté alumbrando nuevas
formas. Por eso es Virgen y es Madre. Y a su vez, dentro de ese Espacio
nosotros absorbemos ese Éter y friccionamos contra él
para convertirnos en creadores. La humanidad, por ejemplo, ha creado
los egregores, que son gigantescas formas psíquicas, poderosísimas
en su capacidad de influir a nivel inconsciente, que se han ido formando
poco a poco con el paso del tiempo. El pensamiento, el deseo también
son entidades. El pensamiento si no fuese una entidad seria fácilmente
dominable, bastaría dejar de pensar para que el pensamiento
desapareciese; pero esto no es posible porque el pensamiento se resiste
porque es una entidad, que utiliza sustancia etérica para manifestarse
en la mente.
El Éter, como ya hemos dicho, es una emanación, o una
modificación del Akasha. Este Éter se va densificando
poco a poco dando lugar a los cuatro elementos: aire, fuego, agua
y tierra.
A nivel simbólico, Eva expresa el germen, la potencia, la existencia
de la semilla del Cristo; Isis, representa la multiplicación
y la generación de las formas; y, finalmente, la Virgen María
expresa la existencia, la realidad del niñoDios, el germen
de Cristo actualizado en el ser humano.
Que la Virgen muy frecuentemente luzca una media Luna (por ejemplo,
en las famosas Inmaculadas que pintara Murillo) la asemeja a Isis,
a la que se representaba de pie sobre una media Luna mientras mantenía
en brazos al pequeño Horus. En todas estas imágenes,
los angelotes que rodean de forma inseparable a la Virgen María
expresan la Energía de la materia, las jerarquías creadoras
que organizan y animan la Materia.
La Luna simboliza tanto la Materia como las fuerzas de la Materia.
Es decir, el Universo material creado. Puesto que la Luna se relaciona
con el agua y con el poder de fecundar y fertilizar por doquier, expresa,
también, la Fuerza, la Energía aliada a la Materia misma.
Esa energía es la llamada “Kundalini” y que siempre se representa
con la forma de una serpiente. Esta energía duerme en el plano
etérico humano, en la zona del coxis. Esta fuerza es de signo
femenino y cuando se une a la energía masculina, o del Padre,
destruye instantáneamente el ego pequeño, el yo inferior
de la personalidad. Esto es a lo que se le llama “la Liberación”.
Puede ser que esotéricamente, la Asunción de la Virgen
exprese simbólicamente la ascensión del fuego de la
Materia, o Kundalini Shakti hasta el Cielo, que es el cerebro, o
la Casa del Padre. La kundalini, desprovista de su fuerza energética
y considerada únicamente como conciencia fue denominada por
los gnósticos como “Pistis Sophia”.
La Shakti o energía divina siempre acompaña a un dios
de polaridad masculina. Así, tenemos a Shiva con Parvati,
a Vishnucon Lakshmi,y a Brahma con Sarasvati. E incluso a Abraham
con Sara.
Con el Éter primordial surgen los cuatro elementos que, al
formar el mundo, se colorean con los deseos y pensamientos del género
humano. Es en ese momento cuando la serpiente que representaba a
la Fuerza y a la Energía, aliadas a la esencia de la Virgen
Madre, se transforma en la serpiente tentadora que se mueve de forma
anárquica e independiente y que debe ser sometida al imperio
de nuestra voluntad y determinación, por ejemplo, en la siguiente
imagen:
La Concepción sin mancha
Cuando la Iglesia instituyó la Inmaculada Concepción
(que en 1856 se transformó en dogma) tal vez lo hizo para
igualar el momento de la concepción de Jesús el Cristo
con las concepciones maravillosas de los dioses, los héroes
y los semidioses grecolatinos.
Desde luego, la concepción del maestro Jesús no tuvo
nada que ver con las concepciones ordinarias de los seres humanos.
Pero no en el sentido de una fecundación divina, tal y como
lo expresa el Credo de los apóstoles: “Creo en Jesucristo,
su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por
obra y gracia del Espíritu Santo”. No. De ninguna manera.
La Inmaculada Concepción no se refiere a esto. En la concepción
del Cristo no entraron para nada ni los sentimientos, ni la emotividad,
ni las pasionesy aún menos el deseo sexual. Es un estado de
tal pureza que no podemos ni imaginarlo. Desde este punto de vista,
han ocurrido muchas concepciones virginales en la historia de la Humanidad,
prácticamente todos los Avatares y grandes iniciados han sido
concebidos en un estado de mente y espíritu, por parte de
sus padres, que no es nada común ni frecuente.
Por otra parte, “Inmaculada Concepción” hace referencia a
que Cristo vino a este planeta sin la carga del Pecado Original.
Con esto se quiere dar a entender que el maestro Jesús ya estaba
altamente divinizado y que había detenido la rueda del Karma,
mostrando que la presencia de Dios en su alma era algo casi tangible.
Krishna, Buda, Lao Tse, Horus, etc. todos estos avatares nacieron
de forma virginal. También se decía lo mismo de Pitágoras
y hasta de Platón.
El nacimiento virginal responde a la realidad de que la Madre Cósmica
permanentemente es pura y virgen, inmodificada en su realidad, a
pesar de todas las modificaciones que incesantemente se suceden cuando
se desarrollan las fuerzas de la Materia.
Todas, o casi todas, las vírgenes madres tienen una “M” como
primer sonido en sus nombres. La “M” representa la introversión,
la fuerza en el interior, la energía que va formando y alimentando
desde dentro a un pequeño embrión, que va madurando
lentamente hasta brotar al exterior. El siguiente sonido siempre es
la “A”, que representan la energía fertilizante del agua.
Los dos sonidos forman “MA”, sílaba que pervive en “humano”,
memoria”, “mar”, “madre”, … Y como no podía ser menos, la madre
del maestro Jesús, o, mejor dicho, de Yehoshuah, se llamaba
Miriam.
Ninguna información histórica verdadera y comprobable
nos ha llegado acerca de la Virgen María. El Protoevangelio
de Santiago contiene datos sobre María, pero es un escrito
cuyas informaciones son totalmente imaginarias. Cabe deducir que la
Virgen María era una alta iniciada y que seguramente pertenecería
al ashram del maestro Jesús, es decir, que se convertiría
en discípula suya.
Con respecto a
la figura de María Magdalena no vamos a decir prácticamente
nada. Es un personaje que a raíz de las obras de Dan Brown,
para cierto público, ha desbancado en importancia ala mismísima
Virgen María.
En las figuraciones de las feministas radicales, María
Magdalena, les permite imaginarse que fue la esposa de Cristo y que
un supuesto linaje de Jesús el Cristo anda dando vueltas por
ahí. Según esta fantasía, a la muerte de Cristo,
la pieza más importante de la Iglesia no sería el Papa,
vicario de Cristo, sino María Magdalena y su descendencia,
que naturalmente solo sería de mujeres.
Simplemente
hay que decir que todo esto es falso. Ni ella fue la maestra de Jesús
el Cristo, ni su amante ni su esposa. La única mujer que tendría
un trato muy próximo y cercano al maestro Jesús fue
su propia madre. Los primeros cristianos redactaron historias de Jesús
creando una segunda Miriam, a la que llamaron María de Magdala,
que portaría todos los pecados de los que una parte de la sociedad
acusaba a Miriam, a la verdadera madre. Por tanto, María de
Magdala y la Virgen María son una misma y la misma persona
(curiosamente, las dos nacieron cerca del lago Tiberíades,
las dos fueron enterradas en Éfeso, …).
Finalmente, está la imagen de la Virgen María como protectora,
y madre alimentadora de toda la comunidad cristiana. Este es un símbolo
bellísimo y delicado, que nos conecta con nuestra infancia
cuando nuestra madre lo era todo para nosotros. En ella encontrábamos
amor, protección, cuidado, bondad y descanso. María
como madre de todo el pueblo cristiano tal vez exprese la realidad
más sublime de la figura de la Virgen a ojos del pueblo cristiano,
que sufre y que se esfuerza, caminando y luchando en un duro peregrinar,
a veces plagado de oscuridad, desconsuelo y terribles enemigos.
La Virgen María representada como una mujer joven, hermosa,
divina y delicada hizo más por difundir el cristianismo que
las prédicas y lecciones de catecismo de los misioneros. Los
clérigos que evangelizaban la costa mejicana del Caribe narran
que cuando mostraban a los indígenas una pintura de tan amorosa
y bella mujer, estos, maravillados al ver una divinidad tan bella
y maternal, quedaban asombrados y se adherían de corazón
a la nueva religión, porque aquella divina mujer les hablaba
directamente a sus almas de una manera nunca sospechada por ellos
pues los dioses y diosas de sus religiones eran divinidades tonantes,
terribles, tocadas con pieles de jaguar y atributos guerreros, y frecuentemente
sanguinarias.
Esta imagen es de tal pureza y es tan reconfortante que tal vez encierre
la clave de lo que es el Cristianismo a ojos de la práctica
religiosa popular.
Personalmente, reverencio este símbolo grandioso, pletórico
de esperanza y que afirma que más allá de las estrellas,
más allá del misterio de la materia y de sus fuerzas,
más allá del destino que no conocemos y de las miserias
nuestras vidas amargas alguien increíblementebueno y santo
vela por nosotros y nos reconforta con su cercanía, con su
caricia suave y con su calidez.
Juan Ramón González Ortiz