| Yatanasharira: Juan Ramón González Ortiz
Acaso nuestro paso por el plano astral sea lo más inmediato, y lo más dramático, pero no deja de ser un nivel que hay que dejar atrás para seguir el camino de purificación que nos lleva a los planos superiores. La
muerte no es otra cosa que tornar hacia dentro de uno mismo,
volver hacia nuestro núcleo, introvertirse al máximo,
y, al mismo tiempo, desprenderse de envolturas y cuerpos. La
muerte es un proceso de ascender en el interior de uno mismo: Tras la muerte, y la disolución del cuerpo etérico, la conciencia se centra en el nivel siguiente. El cuerpo astral ofrece el mismo aspecto que el cuerpo físico del difunto, hasta el punto de que un clarividente puede ver al ver al muerto en su cuerpo astral tal y como era cuando vivía. Pero al poco tiempo de morir, ocurre un fenómeno importantísimo. Una transformación que es el origen de este artículo. Esta transformación está dirigida por el Elemental del deseo que es la entidad que mantiene la conciencia y la actividad del cuerpo astral. Este elemental es una entidad viva y con una cierta inteligencia, que le lleva únicamente a satisfacer sus deseos, lo cual es el designio de su propia conciencia. Continua y constantemente, busca realizar sus apetencias y continuar su evolución, que exige descender todo lo posible hacia el mundo físico y sentir las intensas sacudidas de la materia y de lo que llamamos “concupiscencia”. Es una entidad autónoma, que desconoce todo tanto del Ego superior como del cuerpo en el que está insertado. Su naturaleza no es diabólica. Tan solo obedece a su instinto de realización. Conoce
la existencia de otro principio muy cercano llamado mente inferior,
y sabe que, influyendo en ella, o, mejor dicho, dominándola,
puede colmar sus deseos y colmar todas sus sensaciones e impresiones.
El Elemental del deseo tiene una conciencia separativa y ciega.Y, vamos a ver, a continuación, que este mismo comportamiento que tiene en la vida física lo va a tener también, exactamente el mismo, en la vida astral, apenas iniciado el viaje post mortem. Por tanto, este elemental, se une a la mente y la mente se identifica con ella. Al apoderarse de la mente inferior, la esencia elemental ha conseguido asegurar su preponderancia, pero el retraso y el daño que ha causado al Ego superior ha sido notable. Tenemos que repetir, de nuevo, que la esencia elemental desconoce la existencia del cuerpo causal, de alma y de la evolución superior. Tan solo conoce la realidad de su plano y de su conciencia. Y es inconsciente de todo los demás. Y nosotros debemos tener la misma percepción hacia el Elemental del deseo que él tiene de nosotros: somos una entidad distinta de él. Tenemos que decirnos una y otra vez: “Yo no soy eso”. Después
del momento de la muerte física, el hombre común, a
quien nunca interesaron estas cosas, despierta en el mundo astral
y, más o menos, se siente confuso, o, extrañado. Percibe
una realidad incomprensible, con nuevas leyes y formas. Esto dura
hasta que se adapta a esas novedosas condiciones de vida. El Elemental
del deseo, entonces, se aterroriza porque sabe que tras la muerte
física vendrá, con más o menos rapidez, pero
inevitablemente, la astral, perdiendo definitivamentesus intensas
necesidades de gozar y su sed de sensaciones, pues esto es su vida.
En consecuencia, intenta con toda su fuerza y determinación
detener o al menos retardar la desintegración del cuerpo
astral, y como conoce las condiciones físicas de la materia
astral y sabe que la más grosera perdura más y resiste
mejor al desgaste, dispone las capas del cuerpo astral de modo que
la más densa o grosera quede en la superficie. Al obrar así
actúa según su inteligencia interna, que solo busca
su propia supervivencia: durante la vida física las partículas
del cuerpo astral se agitan sin cesar como si fueran líquido
o más bien un líquido hirviente, pero en la vida
astral post mortem esta materia queda ordenada en estratos según
su densidad, de tal manera que esas moléculas ya no están
mezcladas entre sí como pasaba durante la vida física... Y si a su propia conciencia le pudiese extrañaresta reclusión, el elemental le transmitirá un sentimiento de terror y el pensamiento que,de no aferrarse a esa materia inferior, de no tener un cuerpo organizado, se disolvería en la nada cósmica. Pero si esta misma conciencia afirma su voluntad de no admitir la presión del Elemental del deseo, si protesta y si se rebela contra su propio encierro, entonces, las partículas del cuerpo astral dejarán de formar capas superpuestas por orden de densidad, y entremezclándose unas con otras como durante la vida física, podrá percibir las vibraciones de todos los subplanos del mundo astral. Si resistimos la tendencia del Elemental del deseo, las partículas de nuestro cuerpo astral se mantendrán mezcladas, tal y como estaban en vida, y, en consecuencia, en vez de quedar confinados en un único subplano, estaremos libres para movernos por todos los subplanos. Este cuerpo astral así reorganizado, redistribuido, se llama Yatanasharira, o cuerpo de sufrimiento. En el Bardo Thodol, o Libro tibetano de los muertos, continuamente advierte al muerto de que rompa esta identificación con la conciencia astral y que, si ya se ha producido, salga de ella, aferrándose a su voluntad de realización espiritual y volviendo su mente a los mundos más elevados y divinos que pueda concebir. En el libro tercero del Bhagavata Purana, los Yamadutas (los mensajeros de Yama, dios de la muerte) sacan el alma junto con el cuerpo sutil y lo visten con otro cuerpo, elYatanasharira , o cuerpo destinado a repartir el sufrimiento por los actos pecaminosos en el infierno. Atan a la persona con cables aéreos y la arrastran como un esclavo a la tierra de Yama. Démonos cuenta, como bien dice este Purana, de que el Yatanasharira es un cuerpo destinado a hacernos sufrir. Sin embargo, también esta forma astral acabará desintegrándose por mucho que haga por sobrevivir. Al irse deshaciendo la capa más exterior, y luego la siguiente, la persona se va dando cuenta de que percibe unas nuevas vibraciones mucho más refinadas. Así, va ascendiendo plano tras plano hasta el cuerpo mental. La
redistribución del cuerpo astral es un fenómeno que
debemos conocer, y del cual, como ya se ha dicho, el Bardo Thodol
nos avisa, pues demorar la entrada en los mundos superiores o, aún
peor, perderse en esos mundos inferiores es algo que hay que evitar.
La mayoría de la gente, sencillamente, no puede hacer nada,
pero todos aquellos que ya conocen la mecánica del Elemental
del deseo pueden oponer firmemente su voluntad a los deseos de este
ser. Aunque no se le puede reputar de ser inteligente, el Elemental
del deseo sí que está dotado de un fortísimo
instinto de conservación que le lleva a resistir con todas
sus fuerzas la disolución que le amenaza.
No responder ciegamente a las vibraciones inferiores es la mejor manera de refinar la materia de nuestros cuerpos interiores. A la hora de la muerte nuestro escenario y nuestras vivencias serán totalmente diferentes de lo que hasta aquí se ha descrito.
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