Trayecto Literario

revista nivel 2

Francisco Javier Aguirre

 

Si desea descargar el pdf

 

Hay un dicho según el cual la memoria es la inteligencia de los torpes. Se atribuye a Albert Einstein, aunque no está documentado. Asumo esa opinión despectiva, provenga de donde provenga, y aprovecho tan menguada virtud para hacer un breve recorrido por mis experiencias en el mundo literario, en un trayecto que se inicia en Madrid, hace escala en Teruel y finaliza en Zaragoza.
Habiendo ingresado por oposición en el Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios en 1966, y tras desempeñar mi trabajo en la Biblioteca Nacional y en la Biblioteca de la Complutense después, las circunstancias me condujeron a seguir en el mundo de los libros desde el punto de vista de su producción. En 1982 entré en la sección de ediciones de EspasaCalpe. Enriquecí mi experiencia en relación con el libro, tomé contacto con ese sector difusor de la cultura y trabé amistad con muchos autores, entre ellos

Francisco Umbral,

Rosa Chacel, Juan Antonio Zunzunegui, Francisco Ayala, Ramón Hernández, Fernando Vizcaíno Casas y Ángel Palomino, variopintos personajes. He citado solo a aquellos con quienes la relación era tan intensa que acudía a sus domicilios a trabajar o matizar asuntos vinculados con sus libros por publicar o en proceso de publicación.
Traté también con autores singulares que no vivían en Madrid, entre ellos Ramiro Pinilla,
que había sido Premio Nadal en 1960 y finalista del Premio Planeta en 1972. Sobre él podría escribir largo y tendido, pero baste la cita. En 1976, tras haber formalizado la excedencia como funcionario público, creció mi responsabilidad dentro de la editorial al ser nombrado directorgerente y apoderado de Ediciones Albia, empresa sufragánea de Espasa, destinada a publicar lo que en aquellas fechas confusas no pudiera salir con el sello de la casa madre. Un ejemplo: El jardín de los frailes, de Manuel Azaña, primer libro publicado en el nuevo sello editorial.
Por circunstancias personales y familiares, a finales de 1978 decidí reingresar en la administración estatal y abandonar Madrid. Pedí destino como director de la Biblioteca Pública y del Archivo Histórico Provincial en Teruel. Mantuve mis vínculos con Espasa Calpe para ir dando salida a los compromisos adquiridos durante mi etapa gestora en Albia.
Pero mi trabajo oficial estaba en Teruel, donde apenas había ambiente literario. Sí pude detectar ciertos brotes verdes entre los estudiantes, algunos posteriormente consolidados, como es el caso de Juan Villalba Sebastián. Ya brujuleaba por Teruel un muchacho que aspiraba a mucho y proyectaba ocupar en el futuro algún alto cargo en Bruselas. Nos tildábamos, con cierta sorna, de ‘funcionario atípico’, él a mí, y de ‘joven dinámico y emprendedor’, yo a él. Tras sucesivas reuniones con la escasa gente animosa de la ciudad, surgió la idea de crear

revista nivel 2

una revista cultural que se denominó Turia.



En 1983 se consolidó la iniciativa, en cuyo número 0 participé junto a varias firmas muy consolidadas a escala nacional; mi colaboración versó sobre el mundo bibliotecario. Seguí colaborando en la revista, de manera intermitente.
Por mi parte, intenté despertar el interés de la gente por la literatura organizando encuentros con autores de relieve bien conocidos por mí. El primero con quien quise contar fue Paco Umbral, pero mi propuesta no prosperó por varias razones, entre ellas porque el famoso escritor y periodista solo viajaba en tren, y no existía conexión directa con Madrid desde Teruel. Las buenas lenguas aseguran que esa carencia de la única capital de provincia de España que no tiene conexión directa con la capital del Estado, está a punto de resolverse. Sí que acudieron, entre otros autores,

 

revista nivel 2

Ramiro Pinilla

y Ramón Hernández, anteriormente citados.
Algo digno de reseñar es que por entonces lucían niñez dos escritores nacidos en Teruel que hoy son estrellas de la literatura, cada uno en su faceta. Cito en primer lugar, por deferencia galante, a

 

revista nivel 2

Angélica Morales,

sobre la que igualmente podría extenderme con amplitud.
El segundo es Javier Sierra, que hoy titula con su nombre la Biblioteca Pública del Estado en Teruel. Así como con Angélica no tuve contacto entonces porque estudió desde niña en Valencia, con Javier, nacido un año después, la relación se estableció por ser el mejor lector que teníamos en la sección infantil de la biblioteca. De tal modo que en 1985, apenas cumplidos 13 años, le invité a participar como ponente en una mesa redonda sobre literatura infantil.

Aquí queda el enlace en el que puede conocerse su intervención.
revista nivel 2

https://www.youtube.com/watch?v=mDTnkB-VmGg&t=2s

En 1988, también por razones personales y familiares, me trasladé a Zaragoza para ocupar la jefatura del Servicio de Archivos, Bibliotecas y Museos del gobierno regional. Conocía a algunas personas notables, vinculadas a la universidad más que a la literatura, entre las que citaré a Eloy Fernández Clemente, Guillermo Fatás Cabeza, Gonzalo Borrás Gualix y Agustín Ubieto Arteta. No tenía ninguna perspectiva relativa a la creación literaria, pero desde mi puesto hube de tomar contacto con ese ambiente, tan variopinto como escasamente relevante a escala nacional.
Mi experiencia editorial madrileña era un tamiz muy exigente a la hora de calibrar a los autores con quienes fui tratando. Sí me despertó gran interés

revista nivel 2

 

Antonio Fernandez Molina, a quien traté y admiré.


Poco antes de mi llegada en carne mortal a Zaragoza, donde ya había vivido antes dos veces, el dinámico librero turolense Joaquín Casanova tuvo la idea de crear la editorial Mira, que movilizó el ambiente literario en la ciudad. En ella publiqué mis primeros libros zaragozanos, tras muchos años de vacío (el primero había aparecido en Madrid en 1977), puesto que no pensaba dedicarme a la literatura. Lo hice de rebote, motivado por la parálisis administrativa a que me sometió mi jefe, un eximio director general de Patrimonio cultural, de formación jurídico militar, ignorante raso de los asuntos que gestionaba, que había llegado al puesto por el glorioso título de ser amiguete del presidente de turno. Una larga y lamentable historia que huelga contar aquí. Para aprovechar el tiempo, incluido buena parte del laboral, tomé dos escapes: el musical y el literario. Mi primer libro en Mira apareció en 1991, Los duendes del Matarraña. Una vez iniciada la carrerilla, la cosa fue seguir y cantar.
La fortuna me hizo entablar primero contacto y luego honda amistad con José Antonio Román Ledo,

que utilizaba sus dos apellidos como emblema autoral. Era un hombre sincero, honesto, amable, confiable y, en términos literarios, sumamente original. No poseía ninguna de las lacras habituales entre los escritores, que suelen abundar en soberbia, petulancia, sobreestima, altanería, egocentrismo y otras virtudes, incluida a veces la capacidad de plagio. Testimonios verosímiles tengo, pero evito nombres.

revista nivel 2

 

Román Ledo fue todo un descubrimiento. La historia compartida llenaría muchas páginas. Quizás sea su yerno, José Ángel Monteagudo, su heredero más directo en actitud y estilo.
A lo largo de los casi 40 años de esta mi tercera residencia en Zaragoza, he conocido a muchos escritores y participado en numerosas iniciativas literarias, aunque llegué de rebote a esta tribu singular. Hay gente valiosa, de alto nivel, y autores voluntariosos con la honestidad como bandera. Otros giran como trompos ciegos imbuidos de una autosuficiencia, una pedantería y una soberbia ridículas. Ellos se lo guisan, ellos se lo coman.

Francisco Javier Aguirre


 

 

 

revista nivel 2

Revista Nivel 2 Núm 44

 

revista nivel 2

REVISTA NIVEL 2, NÚM 43, FEB2026

 

REVISTA NIVEL 2 NÚM 42

 

 

revista nivel 2

REVISTA NIVEL 2. NÚM 41. AGOSTO 2025

 

REVISTA NIVEL 2

REVISTA NIVEL 2, NÚM 40

abril2025

revista nivel 2

Revista Nivel 2, ENERO2025

 


REVISTA  NIVEL 2   EN FACEBOOK

ENLACES A OTRAS PÁGINAS

 


 

Descargas gratuitas

evolucion y camino a la iniciacion

EVOLUCIÓN Y CAMINO A LA INICIACIÓN

 

 

 

revista nivel 2
SarSas

revista nivel 2